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Acogidos del Hogar de Cristo cantaron y encantaron en la Cena Pan y Vino

Junto a la soprano chilena Verónica Villarroel, 70 usuarios de las Fundaciones Hogar de Cristo compartieron escenario con la destacada cantante. En Espacio Riesco, los cerca de mil invitados a la versión número 34 de la cena Pan y Vino disfrutaron además del “Teatro de la Vida”, el grupo teatral de Fundación Rostros Nuevos, que trabaja con personas con discapacidad mental.

Los talentos no tienen límites ni discriminan edad, sexo, discapacidad o cualquier otra inclemencia que la vida pueda presentar. Ayer, las cerca de mil personas invitadas a la Cena Pan y Vino del Hogar de Cristo, fueron testigos de cómo el trabajo y la perseverancia pueden lograr maravillosos espectáculos como un imponente coro y una sorprendente obra teatral.

Junto a la soprano chilena Verónica Villarroel, 70 usuarios de las Fundaciones Hogar de Cristo compartieron escenario con la destacada cantante. En Espacio Riesco, los cerca de mil invitados a la versión número 34 de la cena Pan y Vino disfrutaron además del “Teatro de la Vida”, el grupo teatral de Fundación Rostros Nuevos, que trabaja con personas con discapacidad mental.

La actividad, que contó con la presencia de candidatos presidenciales, autoridades gubernamentales y de las fundaciones Hogar de Cristo, brilló con la espectacular presentación de la soprano chilena Verónica Villarroel y el coro de 70 acogidos. Durante semanas, la diva y sus asesores -incluida su hermana Maribel, que también es soprano, además de profesora de canto lírico-, trabajaron en la formación de un coro conformado inicialmente por 15 alumnos de las escuelas de reingreso Súmate, con 10 adultos mayores de las hospederías, con 5 asistentes a la Fundación Paréntesis y con una decena de personas con discapacidad mental, pertenecientes a Rostros Nuevos. Pero al comprobar el efecto terapéutico de la actividad, los monitores de los distintos programas sumaron a más acogidos al canto.

Los variopintos cantantes -jóvenes, adultos mayores, niños- entonaron la canción “El sueño imposible”, tema central del musical “El hombre de La Mancha”, cuyos acordes y letras reflejan los sueños y esperanzas del difícil camino que a veces deben enfrentar los acogidos de las Fundaciones Hogar de Cristo.

Dentro del menú de la noche, también estuvo la presentación del grupo “Teatro de la Vida”, organización teatral compuesta por acogidos de la Fundación Rostros Nuevos, que presentaron la obra “El ensayo”, un divertido popurrí de famosas obras y películas. Desde la Carmela de San Rosendo hasta la rubia de Grease, bailaron, cantaron y demostraron en el escenario que el arte, la música y la belleza son un derecho humano universal y “el alimento del alma”, como señaló en su discurso de bienvenida Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo .

Durante la noche también se presentó un emocionante y provocador video que interpelaba al público a preguntarse: “¿No te ha pasado?”. Los textos planteaban cuestiones como “¿no te ha pasado que te quedes sin comer?” o “¿no te ha pasado que llueve más dentro de tu casa que afuera?” o “¿no te ha pasado que tu pareja te golpea?”. Y estaban expresados por actores, sobre la base de las experiencias de vida reales de personas acogidas por los distintos programas del Hogar de Cristo, que, al final del video, aparecían afirmando: “A mí sí me ha pasado”.

Ese video y la presentación de Verónica Villarroel con 70 acogidos cantando “lo imposible soñar”, fueron de los momentos más sensibles de la noche, en que hasta el más duro tuvo que secarse una lágrima o contener un sollozo. Uno de los animadores de la noche, el talentoso actor y comediante Fernando Godoy fue uno de ellos, mientras Cecilia Bolocco y Rafael Araneda abundaron sobre lo emocionante del programa artístico de la noche.

Un poco de historia

Esta tradición comenzó en 1983, cuando diferentes hombres de empresas, del mundo político, artístico y religioso, aceptaron la invitación del padre Renato Poblete Barth s.j., en ese entonces Capellán General del Hogar de Cristo.

A través de un sencillo menú conformado sólo por pan y vino, el sacerdote jesuita no sólo aprovechó la ocasión para darles a conocer la obra que esta Fundación –la principal obra de San Alberto Hurtado- tenía en ese periodo, sino también para comprometer su ayuda en beneficio de quienes vivían en condiciones de extrema pobreza.

La relevancia y el valor simbólico de la Cena Pan y Vino la han convertido en una de las actividades centrales de agosto, Mes de la Solidaridad, fecha en que se recuerda el trabajo solidario iniciado por nuestro santo chileno, Alberto Hurtado, en favor de los más pobres entre los pobres, además de ser un encuentro anual impostergable para socios, trabajadores y voluntarios de nuestra Fundación.

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