Benito Baranda y la nueva línea de la pobreza: “Hay un punto de equilibrio entre dignidad humana y rentabilidad económica”

La comisión de expertos que convocó el Presidente Sebastián Piñera para actualizar la medición de la línea de la pobreza y pobreza extrema no sólo modificó el patrón de consumo, que data de 1987. También dio un paso más allá en la valoración de su carácter multidimensional y sumó un nuevo grupo dentro de los más “frágiles”, denominados vulnerables.

La comisión de expertos que convocó el Presidente Sebastián Piñera para actualizar la medición de la línea de la pobreza y pobreza extrema no sólo modificó el patrón de consumo, que data de 1987. También dio un paso más allá en la valoración de su carácter multidimensional y sumó un nuevo grupo dentro de los más “frágiles”, denominados vulnerables.

Benito Baranda, presidente de la Fundación América Solidaria y uno de los especialistas que elaboraron la nueva medida, dijo que estos cambios además le dan institucionalidad al cálculo. “Se sugirió que el mandante siga siendo el ministerio de Desarrollo Social, pero que el ejecutor sea el INE autónomo —que se discute en el Congreso—, y que exista un panel de expertos que supervise si se agregarán o sacarán preguntas, con qué periodicidad se va a ejecutar y que vele porque se renueve la canasta de alimentos cada diez años”, explicó.

Pero, uno de los aspectos en los que hace más hincapié el antes director nacional del Hogar de Cristo es en el rol que deben jugar los sectores más acomodados de la población en la superación de la pobreza. Recalca que la mayor parte de las personas que poseen los mayores ingresos son creyentes, tienen valores cristianos. “Entonces, ¿cómo los vamos a aplicar para que impacten en nuestras prácticas empresariales y laborales? Aquí no existe la frase que los negocios son negocios, no. En los negocios hay personas, seres humanos y hay un punto de equilibrio entre la dignidad del ser humano y la rentabilidad y utilidad económica”, enfatizó.

-¿En qué se basaron para categorizar los diferentes grupos?

—Cuando evalúas dónde pones el umbral de la pobreza, lo que buscas es un estrato de referencia que te indique que el consumo de calorías por persona dentro de esa familia es inferior a lo que deberían consumir para tener un desarrollo sano —cuyo mínimo son dos mil calorías—, además de la experiencia internacional. Después de ver la necesidad alimentaria, vimos cuál es el patrón de consumo de otras necesidades que no lo son. Antiguamente, una persona que superaba la pobreza tenía 50% de sus ingresos destinados a sus necesidades alimentarias y 50% a no alimentarias. Hoy día la relación no es de uno a dos, sino de uno a tres. Eso implica que tú no necesitas el doble para poder superar la pobreza, sino que el triple.

-¿Qué es lo que facilita la medida multidimensional?

—Permitirá focalizar los esfuerzos en aquellos ámbitos “donde las personas lo están pasando más mal”. Por ejemplo, si en la extrema pobreza te das cuenta de que el empleo es la gran fragilidad, si no trabajas para tener un empleo digno, será muy difícil avanzar. Lo que se debería hacer es la transferencia de recursos vinculada a capacitación pertinente y habilitación laboral, más que un bono para la familia. Y lo mismo en los vulnerables. Transferir recursos a las pymes para sostener los empleos en periodos de crisis es más barato que hacer transferencias monetarias directas, y no sólo eso: genera un círculo más virtuoso, que permite que la persona siga trabajando, se incluya socialmente y pueda llevar su salario a la casa como fruto de su esfuerzo.

-Llama la atención que una persona con ingresos mensuales cercanos a $.600 mil se considere vulnerable.

—Si sacas el cálculo, hoy más del 40% de las personas son vulnerables, pobres o extremadamente pobres y con eso sinceras que en Chile también hay gente que muchas veces eufemísticamente llamamos clase media o media baja, que pierde el empleo o se enferma y cae en pobreza o pobreza extrema con mucha rapidez. Al reconocerlas, para esas personas puedes tener políticas públicas sistemáticas y no esporádicas que les permitan superar la vulnerabilidad, además de un sistema de seguridad social que permita amortiguar los periodos de crisis.

-¿Los programas debieran priorizarse según segmentos?

—No. Tiene que ser parejo. Si descuidas a las personas que están en situación de vulnerabilidad, como si descuidas a la clase media, lo más probable es que desciendan socialmente. El Estado tiene la misión de sostener las oportunidades en los distintos niveles de la sociedad. Tienes que ubicar políticas pertinentes para cada uno de ellos, con el objetivo de que haya movilidad social. En cada uno de los estratos se debe priorizar, pero no interestratos.

-¿Debería ir acompañado de un alza en el salario mínimo?

—Por supuesto. Cuando tienes la dimensión de empleo en la pobreza multidimensional, te das cuenta de que está vinculado al salario, a la seguridad social y a la calidad del trabajo. Chile ha tenido grandes dificultades para compensar desde el punto de vista del salario a las personas. Esa ha sido la gran traba cultural, porque no tiene razones económicas.

Para salir de la vulnerabilidad, si tienes un hogar de cuatro personas, necesitas más de $.600 mil y tienes el 70% u 80% de las personas ganando menos de $.500 mil en el país.

Hay países en los que se subsidia directamente el salario de las personas dentro de las empresas hasta que éstas llegan a niveles más altos de rentabilidad. Ese análisis en Chile corresponde hacerlo. Mucha gente dice que si subes los tributos va a afectar el empleo, porque afecta a las micropymes y pymes. Entonces hay que cambiar el sistema tributario para ellos.

Tenemos que hacer muchas modificaciones, que por supuesto van a tocar los intereses de algunos, pero si no lo hacemos, ¿cómo queremos tener el día de mañana un país más feliz, integrado y desarrollado? Eso requiere de mucho sacrificio y esfuerzo compartido.

-¿Cuáles son sus expectativas respecto de la implementación de los cambios?

—Mi sueño personal es que enfrentemos los ámbitos en los que hay mayor dolor ciudadano con altura de miras como población. Uno de ellos es la mayor inserción laboral de los jóvenes. Por décadas, los hemos tenido muy abandonados.

Lo segundo, enfrentar cómo vamos a vivir dentro de nuestras ciudades, dónde se van a construir las nuevas viviendas populares. Si sentimos que hay injusticias, poblaciones que son guetos de pobreza, que la gente lo pasa mal, entonces pongámonos de acuerdo en que ellos vivan cerca de nosotros y comencemos a cambiar las políticas. Y tercero, que es un ámbito en el que se está trabajando fuerte, pero yo creo que hay que ponerle mucho esfuerzo, y es el continuo educativo. Tienes que dar similares oportunidades de calidad, desde la temprana infancia hasta que la persona llega a su juventud y adultez.

entrevista de Alejandra Aguirre, La Segunda 28 Enero 2014.

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