CALIDAD: Ausencia total en la reforma educacional

Desde que se comenzó a trabajar la reforma educacional, hemos visto que el orden de los proyectos a legislar, no se condice con lo único que realmente cambiaría nuestro actual sistema educacional para mejorar la enorme e inmoral desigualdad que lo afecta: la “Calidad” de la educación que reciben los alumnos, especialmente los más vulnerables y que hoy día se educan principal y mayoritariamente en el sistema municipal.

Por Verónica Abud
veronica abud muy recortada

Directora ejecutiva Fundación La Fuente.

Desde que se comenzó a trabajar la reforma educacional, hemos visto que el orden de los proyectos a legislar,  no se condice con lo único que realmente cambiaría nuestro actual sistema educacional para mejorar la enorme e inmoral desigualdad que lo afecta:  la “Calidad” de la educación que reciben los alumnos, especialmente los más vulnerables y que hoy día se educan principal y mayoritariamente en el sistema municipal.  Cuando se implementó la municipalización la matrícula de estos colegios  representaba alrededor del 86 % de la matrícula.  Hoy día, luego de muchos años de políticas públicas mal diseñadas e implementadas solo representa el 36 %. La principal razón de esta caída ha sido la falta de recursos,  la mala gestión de estos, , el estatuto docente y el notable abandono de este sector por  parte del estado. Lo más grave de esta situación es que la única forma de mejorar la enorme desigualdad que hoy día tenemos como país, es entregando una calidad de educación a los sectores que más la necesitan.

Nuestros niveles de lectura y matemáticas , medidas por el SIMCE, siguen siendo dramáticas.   Alrededor del 50 % de los alumnos de 4ª básico, está en un nivel elemental o insuficiente.  Esto significa que no tienen una base que les permita tener éxito en su trayectoria educacional.  También significa que a pesar de haber asistido a una escuela por al menos 5 años no han aprendido a leer y las 4 operaciones matemáticas al nivel de lo esperado.  Si a esto le agregamos,  que al no contar con estas herramientas indispensable para el futuro éxito en el sistema escolar, estos alumnos se aburrirán, no tendrán aprendizajes significativos y probablemente engrosaran la larga lista de alumnos que terminan su proceso escolar y no están en condiciones de seguir avanzando en su educación con éxito.

¿Algo de esto se está hablando hoy día en el proyecto de Reforma Educacional?  ¿Alguien nos está proponiendo como mejorar el proceso de enseñanza /aprendizaje al interior de la sala de clases?  ¿En alguna parte de la reforma se habla  como mejorar la enseñanza por parte de los docentes?  ¿Se menciona el grave problema del Currículum que impone entregar una serie de contendidos que los niños que no leen no los entienden? Todas estas preguntas no tienen respuestas ya que no está en la agenda actual de la reforma  la CALIDAD, que es lo único que realmente impactaría en el futuro de nuestros niños.

La urgencia de estos temas es innegable, ya que cada año que pasa, son cientos de miles de niños que verán comprometido su futuro desarrollo educacional.  Que lamentable que en el diseño de esta reforma no vean la importancia y urgencia de esta situación.

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  • Lorenzo Andrade Olivares

    La forma cómo se ha venido planteando la discusión en
    torno a las medidas y recetas que habrían de implementarse para mejorar la
    calidad de la educación, nos hace reflexionar de si bastará con modificar la
    Constitución; o de si bastará con “desmunicipalizar” la educación para que se
    alcance esa meta.

    ¿O, acaso, no será necesario también que quienes
    tienen la misión de enseñar lo hagan con calidad –inseparable de la profesionalidad–,
    para que la educación impartida tenga ese mismo sello?

    Planteamos esta interrogante, porque cuando se
    municipalizó la educación, los mismos profesores que estaban adscritos al
    antiguo sistema y dependían del Ministerio de Educación, pasaron al nuevo
    sistema de administración municipal quedando bajo la dependencia de la
    municipalidad en cuyo ámbito de acción se encontraba el establecimiento
    educacional. Dicho metafóricamente, los mismos actores continuaron
    representando el mismo papel y en el mismo escenario; sólo que cambió el director de la
    obra.

    ¿Disminuyó entonces la calidad de la educación –y de
    los docentes que la imparten–, por el solo hecho de haber experimentado este cambio?
    ¿Dejaron estos últimos ipso facto de tener menos preparación? ¿Perdieron aptitudes para enseñar?
    Planteando el problema a la inversa, ¿adquirirá la educación de este sector la
    calidad que se pregona le falta a la municipalizada, por el solo hecho de centralizar
    este servicio público, abandonando los establecimientos educacionales su
    dependencia municipal y volviendo a depender del Ministerio de Educación, como
    ocurría hace poco más de tres décadas?

    ¿Y qué rol cumplirán los docentes en esta nueva etapa?

    Porque, el agente que transmite al educando sus
    conocimientos a través de su propia formación pedagógica, experiencia y demás
    cualidades profesionales; y que hacen que este aprenda a leer, a escribir, a sumar,
    a restar, a multiplicar y a dividir, es precisamente el docente. Y el sector
    educacional público necesariamente deberá seguir conformado por los docentes que
    actualmente integran las dotaciones docentes municipales, en aras de asegurar
    la continuidad del servicio público educacional. Sería una necedad pensar que
    los profesionales de la educación del sector municipal, al producirse este
    cambio, quedarían al margen de toda actividad docente en el sistema público.

    Un análisis frío y desapasionado, nos induce a
    concluir que el alumno no aprenderá en función de cuál sea el sistema
    educacional ni de cuál sea el órgano que administra la educación pública; tampoco
    aprenderá en función de si la Constitución, la ley orgánica constitucional o
    cualquiera otra incluyen o no el término “calidad” en su texto; o si incluyen o
    excluyen el sustantivo “lucro”. El que
    el alumno aprenda más o menos dependerá fundamentalmente de la cualificación
    del docente que tenga a cargo su formación.

    Todas estas reflexiones nos parecen válidas para dilucidar
    si podemos aspirar a una “educación de calidad” pensando en que para lograrlo sólo
    basta con hacer cambios a la Constitución y leyes que organizan la
    administración del Estado para la debida prestación de los servicios públicos
    –la educación municipalizada es uno de ellos–, pero obviando la ley que regula
    el ejercicio de la función docente, a través de la cual el alumno –el destinatario
    del este servicio–, recibe del Estado la educación obligatoria y gratuita que
    le garantiza la Constitución; función docente cuyo ejercicio está reservado a
    los profesionales de la educación, quienes a través de un proceso formativo metódico
    y continuo deben ir conduciendo al alumno por la senda del aprendizaje hasta
    hacerlo aprender aquello que se les ha confiado enseñar; y que constituye la
    quintaesencia del magisterio.

    El Estatuto Docente –una aspiración largamente acariciada
    por los profesionales de la educación municipalizada y en vigencia desde 1991–,
    implantó un sistema de calificación de estos servidores públicos, tal como
    ocurre con cualquier otro agente de la administración del Estado. ¿Pero, qué
    pasó con esta norma? Nunca se aplicó. Ergo, la ley no se cumplió. ¿Por qué? Simplemente
    porque el colegio profesional de la orden, con las argumentaciones más
    rebuscadas, se resistió a que los
    docentes del sistema municipal fueran sometidos al proceso de calificación
    anual que permitiera a los administradores de la educación –los municipios–,
    determinar qué docentes reunían las condiciones y cualidades para dar una
    enseñanza acorde con las exigencias curriculares y quiénes no. Tras una década
    de ser letra muerta, se cambió el sistema de calificación por otro de evaluación
    –que en parte consulta una autoevaluación–, y que incluso permite a los
    docentes excluirse de este proceso en determinadas circunstancias. Pero ni aun
    con este cambio se logró que todos ellos se evaluaran. Muchos mantuvieron una
    actitud rebelde y contumaz frente a esta disposición legal. Más adelante,
    consiguieron que se legislara que aquellos que debían abandonar la dotación
    docente por haber resultado evaluados insatisfactoriamente por dos periodos
    consecutivos recibieran una indemnización; resarcimiento a que no tienen derecho
    los demás docentes que cesan en sus funciones por otras causales, distintas a
    una deficiente capacidad profesional.

    Así las cosas, en la nueva institucionalidad que se
    pretende imponer, se advierte como un deber ineludible restaurar los procedimientos legales que lleven
    a calificar a quienes tienen la delicada misión de educar a los alumnos del
    sistema público –los más vulnerables–, de manera de determinar quiénes están en
    condiciones de cumplir con el mandato constitucional y legal que se pretende
    imponer; esto es, entregar una educación pública de calidad.

    Porque, si se trata de asegurar la calidad de la educación, y los profesores
    serán los mismos que –según viene cuestionando–, no entregan una educación con
    esos estándares en el sistema municipalizado, nos parece una obligación insoslayable
    que en el nuevo modelo se verifique si, tras producirse los cambios que
    pretende introducir, la educación habrá alcanzado el nivel de calidad a que se aspira.
    Y para ello es preciso contar con instrumentos que permitan medir con exactitud
    cuánto han aprendido los alumnos de los distintos niveles; y junto con ello, calificar
    a los docentes que han estado a cargo del proceso de enseñanza. Si los alumnos han
    aprendido mucho y bien, entendiendo que ha sido así cuando los conocimientos
    adquiridos quedan incorporados de manera sólida y definitiva en su acervo
    intelectual; estarán en condiciones de egresar de la enseñanza media, para luego
    emprender estudios superiores y culminarlos con éxito. En tal caso, la
    educación habrá sido de calidad; y junto con ello –binomio inseparable–, lo
    habrá sido la docencia impartida por el profesor.

    Por tanto, insistimos, en la tarea de asegurar una
    educación de calidad el factor más importante es la “calidad” del profesor.
    Pues, un profesor de excelencia académica dará educación de calidad cuyo
    resultado será –salvo excepciones–, un alumno de excelencia. Pero, tampoco
    basta con que esta excelencia académica esté presente solo en el docente de aula,
    sino que también deberá estarlo en todo el cuerpo directivo y
    técnico-pedagógico del establecimiento.

    Una última reflexión en este análisis, obliga a tocar
    un punto que suele ser ignorado o, cuando menos, eludido. Se trata de la
    continuidad del servicio educacional. Pues, es en el ámbito de la educación
    pública donde el proceso educativo sufre más interrupciones que afectan su normal
    desarrollo, resultado de las constantes paralizaciones de actividades a que
    llaman el colegio de profesores o los mismos estudiantes por las más diversas
    motivaciones, incluida –¡cruel ironía!–, la que persigue con ellas mejorar la
    calidad de la educación.

    Las estadísticas nos muestran que es la educación
    pública la que registra el mayor número de días y horas perdidas por esta
    causa. A estos llamados a paro, quienquiera los promueva, adhieren con
    entusiasmo profesores y estudiantes por igual, sin reparar en las dañosas secuelas
    que tales interrupciones arrastran, al impedir que el proceso educativo tenga
    un desarrollo fluido, de acuerdo con los programas y calendario de clases prefijados
    para el año lectivo, lo que invariablemente obliga a cumplirlos aceleradamente
    –como una mera formalidad para adecuarse a su diseño original–, a costa de
    sacrificar la tan mentada calidad que motiva las paralizaciones, marchas y
    tomas.

    Para corregir este vicio –tan fuertemente arraigado en
    los dirigentes gremiales–, no hace falta introducir modificación alguna a la
    legislación educacional, sino que basta con que se cumpla estrictamente lo que
    ya está legislado; esto es, que no tienen cabida en la educación pública las
    huelgas, paralizaciones y cualesquiera otras formas de interrupciones que
    atentan contra la continuidad de este servicio público.

    • rene

      Muy buen comentario, pero falta analizar en que forma los padres puedan cooperar al docente en la formación escolar de sus hijos, ya que es común la falta de respeto, no cumplimiento de tareas, indiscilina etc…

  • Pedro Avalos

    LA REFORMA ES Y SE ESTA VIENDO DIA A DIA, UNA RESPUESTA ALOCADA Y DESESPERADA A LOS BERRINCHES CALLEJEROS.
    ESTA REFORMA ASI, NO RESPONDE A LOS OBJETIVOS PERMANENTES DE UNA EDUCACION MODIFICADA QUE SON CALIDAD, DE LO CUAL NADA HAY SRIAMENTE PLANTEADO Y GRATUIDAD…..PORQUE ESO DE LA GRATUIDAD ES UN MITO NECIO.
    TODAS LAS COSAS CUESTAN Y EL TEMA ES QUIEN LAS PAGA.
    NO POR ESO COSTARAN MAS O MENOS.
    ES MAS, SI LO TOMA EL ESTADO, LA EXPERIENCIA Y NO ANDEMOS CON CUENTOS DICE, QUE SERA MAS MALA, QUE COSTARA MAS Y NO MEJORARA. PERO HABRA PRODUCIDO CESANTIA COMO YA ESTA SUCEDIENDO Y ESO LO PAGAMOS TODOS. O NO?
    LO SIENTO PERO LA REALIDAD ES SUPERIOR A LOS BERRINCHES Y A LOS SUEÑOS ILUSOS. HAY UNA GENERACION DESIFORMADA QUE INCLUSO HA LLEGADO A CONCEPCIONES POLITICAS QUE YA FRACASARON COMO TARRO EN EL MUNDO Y ESOS NIÑOS APENAS EN PAÑALES,SON EL DETONADOR DE ESTA BARBARIE EN QUE LOS ADULTOS ESTAN ATERRADOS DE MIEDO POR LA OPCION POLITICA DE DEJAR DE SER FAMOSOS.
    MEJORAR REQUIERE CRITERIO CON BUENAS IDEAS Y PRACTICABLES.
    ESTO NO ES UNA REREFORMA, ES UNA DEFORMA CARA, FRACASADA DE PRINCIPIO A FIN Y SI NO SE BUSCA SOLUCIONES REALES, HAREMOS UN TRANSANTIAGO A LO BESTIA, QUE INVOLUCRARA A TODA LA SOCIEDAD CHILENA Y EL COSTO SERA UN MONSTRUO DESGRACIADO DEL QUE NOS VAMOS A ARREPENTIR COMO animales maltratados.

  • Marco Antonio Muñoz Vilches

    Siguiendo su razonamiento, dado que la dictadura jamàs mencionò que querìa provocar un desastre en la educaciòn chilena, no hay tal desastre.
    Lo que habrìa que hacer entònces es escribir un memoràndum, digamos de una media pàgina no màs, que repitiera unas 4 veces que lo que queremos es calidad y estarìamos listos.
    Ahora, si algùn bellaco osa sostener que lo que se està haciendo apunta todo a la calidad en educaciòn, hay que tirarle todo el aparato de propaganda de la UDI. Con videos, acusaciones constitucionales, impugnaciones. Y lo màs importante, la creaciòn de un potente movimiento de masas por la libertad, la moral y las buenas costumbres. Podrìan dirigirlo Jovino, la Jackelinne y Morerira. Secos

    • Francisco Carrasco Carmona

      el problema es que no se está haciendo nada por mejorar la calidad, ni siquiera hay una luz que indique que se está buscando mejorarla, sólo habla de cambiar, pero desgraciadamente nada para mejor.

  • http://www.jorgeturenne.com Jorge Turenne

    Parece muy docto el artículo, pero para ir a la calidad, se necesitan recursos primero y administrarlos mejor luego. La calidad viene en esa base: una comentarista más que quiere gatopardismo. Nada les basta, solo la perfección del olimpo. Eso no existe-

    • Ricardo Aguirre andrade

      para hablar de calidad se debe establecer cuales son los objetivos de la educación, una que esto esta claro, se debe entender que la calidad es un logro de un proceso en donde se articulan distintos elementos que están interviniendo permanentemente, un ejemplo concreto que esta de moda Finlandia, que elementos se consideraron, que plazo estableció para evaluar los resultados de los trabajos o acciones que se estaban llevando a cabo, no olvidar el pensamiento del reconocido filosofo de las ciencias Mario Bunge” el punto de vista hace el objeto”

  • Jose Teodoro Hidalgo Palma

    La nueva mediocridad partió con la Calidad y se desvió para
    la Gratuidad como primera prioridad con un claro sesgo populista para atraer el
    apoyo de la calle comandado por el PC y la izquierda dura con el claro afán de
    lograr posicionarse en puestos de poder. Los profesores se dieron cuenta cuando
    primo los intereses del partido y no los del gremio. La educación requiere
    CALIDAD como primera prioridad y para esto necesita mejorar los sueldos de los
    profesores, condiciones y por supuesto la programática de nuestra educación
    pero también la evaluación docente ya que es parte de la calidad. En segundo
    lugar gratuidad y todo lo que sigue.