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Cien pares de zapatos

Arturo Vidal es querido y reconocido por los niños del país. Cometió un error y fue perdonado por los fanáticos, pero perdió, “por falta de stock”, la exquisita opción de ver sonreír a cien niños de una escuela pobre en la antesala de la Navidad. Ahora, cuando se discuten cifras de millones de dólares para un entrenador que basó su discurso en el amateurismo y el amor por la camiseta, es hora que los hombres grandes de la selección hagan su verdadero trabajo; o sea, reencantar a los niños con la más grande selección de todos los tiempos y con el verdadero espíritu del deporte: fabricar ídolos y hombres buenos.

Por Aldo Schiappacasse
Director Fundación Sociedad Anónima.

Una de las penas simbólicas que le aplicó el Tribunal de Garantía de San Bernardo a Arturo Vidal ,tras chocar en estado de ebriedad manejando un Ferrari durante la Copa América, fue donar 100 zapatos de fútbol a la Escuela Valdivia de Paine. El delito fue cometido el 16 de junio, y al 31 de diciembre del 2015 la pena todavía no había sido cumplida.

Los abogados de Vidal –ante el requerimiento de la fiscalía- se pusieron en contacto con la directora de la escuela para explicar la situación: no había stock debido a las festividades navideñas. Y ofrecieron entregar el dinero en efectivo. Ese fue el cierre de un año increíble a nivel de resultados para la selección, pero que dejó temas valóricos sin resolver entre varias estrellas del fútbol y el público infantil.

Arturo Vidal no recibió sanción deportiva tras su mediático choque. Siguió jugando por la selección y levantó la Copa América. Esteban Paredes, el goleador de Colo Colo, fue sorprendido receptando televisores robados y formalizado, pero su club no le aplicó sanción y fue justificado con el argumento de que “a cualquiera le pasa”, pese a que lo incriminaban escuchas telefónicas y que comprometió a otro compañero, Justo Villar, en el delito.

Michael Ríos, jugador de la Universidad Católica, fue procesado por hurto de un camión cargado de nueces, y su institución procedió de la misma forma: lo perdonó sin sanción, argumentando que el juicio aún no terminaba. A fin de año –después de jugar los partidos más importantes de la post temporada como titular- no le renovaron contrato.

El deporte –y el fútbol- suele justificar sus millonarios ingresos en el arraigo popular. En el interés y la pasión que despierta en los hinchas; en la capacidad de consumo de los fanáticos, en el amor irrestricto por la camiseta de los más pequeños. Los grandes ídolos, que obtienen prebendas infinitas de la fama, se enorgullecen de lo que transmiten a los niños, de su impresionante influencia social. Pero el saldo a nivel mundial para el fútbol (y el deporte en general) fue nefasto en la temporada que pasó. En el atletismo hubo manga ancha para el dopaje, amparado por la Federación con fines comerciales. En la FIFA cayeron los principales dirigentes acusados de soborno y corrupción. En nuestro país, la inmensa alegría de haber ganado por primera vez la Copa América fue prontamente empañada por los escándalos directivos y por una impresionante ola de violencia en los estadios, que puso en jaque a las fuerzas policiales y políticas del país.

En medio de ese desolador panorama en nuestro país –y también en el mundo- fueron pocos los ídolos que salieron públicamente a defender el inmaculado rol formativo del deporte. Ni siquiera eso: la discusión posterior al triunfo en la Roja –quinta en el mundo- fue sobre premios, cuentas en el extranjero, millonarios premios. Nadie fue capaz de encarnar el espíritu perdido, justo en el momento en que más héroes futbolísticos parecemos tener.

Arturo Vidal es querido y reconocido por los niños del país. Cometió un error y fue perdonado por los fanáticos, pero perdió, “por falta de stock”, la exquisita opción de ver sonreír a cien niños de una escuela pobre en la antesala de la Navidad. Ahora, cuando se discuten cifras de millones de dólares para un entrenador que basó su discurso en el amateurismo y el amor por la camiseta, es hora que los hombres grandes de la selección hagan su verdadero trabajo; o sea, reencantar a los niños con la más grande selección de todos los tiempos y con el verdadero espíritu del deporte: fabricar ídolos y hombres buenos.

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  • Carlos Pereira Arce

    Creo que es demasiado importante la señal que proyectan estos astros del Fútbol, pero quizás para ellos no es tal , ademas se conjuga el tema del dinero y el poder , de ahí la vista gorda, pero si la misma situación le ocurre a un simple ciudadano , a esta hora esta preso con un daño económico y Familiar que injusto, tenemos el caso de Martín Larrain , quedo impune taparon el daño con plata , para una viuda que no era la compañera del Señor fallecido, el asesinato de Troxel por parte de Aaron Vasquez, el tipo anda libre por la vida, y el Papi se sigue pegando en el pecho y recibiendo el diezmo que tal …. Fantástico.
    Es por eso que en este país cuesta mucho encontrar hombres buenos, porque no le llaman la atención a nadie pero los malos ocupan las primeras planas semanas enteras……….ojala esto cambie de verdad por eso admiro al filan tropo Leonardo Farkas ..ese Señor ayuda de verdad ( y en el anonimato ojo ), me gustaria conocerlo para estrechar su mano, ojala hubiesen mas como El buenos de adentro.