Construyendo país desde lo social

Frente a la escasa capacidad del sector privado de trabajar en conjunto en torno a un objetivo claro y común, y la casi nula coordinación de las agencias públicas para dar soluciones a políticas públicas transversales, es el tercer sector el que a través de diversas iniciativas nos invita a poder trabajar para solucionar los problemas sociales y ambientales a través de los mecanismos de mercado.

Por Fernando Larraín.
Fernando Larraín

Director de Desarrollo Facultad de Economía y Empresas, UDP.

El mundo social nos sigue sorprendiendo. Frente a la escasa capacidad del sector privado de trabajar en conjunto en torno a un objetivo claro y común, y la casi nula coordinación de las agencias públicas para dar soluciones a políticas públicas transversales, es el tercer sector el que a través de diversas iniciativas nos invita a poder trabajar para solucionar los problemas sociales y ambientales a través de los mecanismos de mercado.

La semana pasada el Ministro de Economía y un grupo de asociaciones de corte social lanzaron el libro #101 soluciones. Más allá de la ceremonia del lanzamiento y del libro que son importantes en sí mismo, lo interesante es el proceso bajo el cual las diferentes propuestas terminaron plasmadas en un texto al alcance de todos quienes quieran ojearlo.

Su portada de colores y diseño interior invitan a leer con detención las 8 categorías (desarrollo de capital humano, promoción, legislación y regulación, impacto: medición y cuantificación, financiamiento, servicio público, innovación social y transferencia de conocimiento, y construcción de redes) en las que se agruparon las propuestas. De este proceso que duró casi un año se pueden sacar aprendizajes que son “exportables” a otras áreas.

Primero, las agendas individuales fueron dejados de lado. Congregar, convocar y hacer participar a más de 50 organizaciones (desde empresas hasta Universidades), cada una con sus propios intereses, no es tarea fácil. Sin embargo, el tener un objetivo común y poder responder a este por sobre los temas individuales fue un componente central para poder poner de acuerdo a todos los actores e interpretar y plasmar el interés genuino de cada uno.

Segundo, el fondo es crucial (las ideas) pero la forma para llegar a este es igual de importante. El liderazgo fue compartido, no había una persona o institución que quisiera “llevarse la pelota para la casa” y la convocatoria siempre fue amplia, incluyente y con espacios para la co-creación.

Tercero, se entendió desde un principio que para poder tener un impacto real se necesitaba sumar al gobierno. Agregar ambos intereses y poder construir con propuestas de manera proactiva fue una aproximación que terminó siendo exitosa. Cuarto, el proceso fue participativo desde un comienzo y hasta el final. Se utilizaron diferentes plataformas, desde la tecnología hasta los medios, para poder invitar a subir propuestas e ideas desde Arica a Punta Arenas con un llamado que invitaba a presentar los desafíos pero también las soluciones. Los proceso de participación ciudadana y las respectivas consultas son un mecanismo, que bien utilizado, pueden resultar muy útiles a la hora de validar el trabajo. Es cierto que puede demorar los proceso y atrasar algunas cosas pero también es claro que, con plazos breves y con espacios en donde todos se sientan convocados, resulta ser una herramienta concreta de participación y en este caso de acción.

Avanzar hacia un país más inclusivo y con mayor capital social requiere de diferentes sectores y distintas visiones que integren el trabajo de las empresas sociales con las empresas tradiciones, a los innovadores y a los emprendedores, a los trabajadores del sector público y del privado. Es decir, un lugar en donde exista espacio e incentivos claros para todos los sectores productivos.

Déjanos tu comentario

  • Patricio Grez De Heeckeren

    Puras pajas progre…bullshit de lo peor.