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Consumidores empoderados

¿Qué pasaría si miles de consumidores –organizados en redes sociales- dejaran de comprar en diciembre en una gran tienda o determinados productos de una marca específica? O, para hacer una propuesta positiva, ¿qué pasaría si esta gran red de consumidores sólo adquiriera en la tienda que se atreva a cambiar e identifique productos que efectivamente le aseguren que han respetado al medio ambiente y las personas?

Por Loreto Lavín Cruz

Si bien los consumidores han descubierto la protección que reciben del Servicio Nacional del Consumidor –en el que confían crecientemente- y de los posteriores  veredictos de la Corte Suprema, aún no se han dado cuenta del real poder que tienen, el mayor de todos: el poder adquisitivo. No porque esté disperso entre millones de clientes deja de ser un poder aún mayor que el de las cadenas comerciales, ellos también se pueden unir. Para esto sólo falta ponerlos en red.

¿Qué pasaría si los clientes exigiéramos de aquí a diciembre a una determina tienda que sus productos  -en toda su cadena de elaboración- respetaran las medidas medioambientales, las condiciones laborales dignas (aún en otros países) y que pagaran a tiempo a sus proveedores en Chile?

Que ese regalo que daremos en tiempos de amor y paz no tenga manos de niños, condiciones inhumanas de trabajadores, no contamine al planeta, ni asfixie a las pequeñas empresas  que dan trabajo a tantas modestas personas en Chile y el mundo.

¿Qué pasaría si miles de consumidores –organizados en redes sociales- dejaran de comprar en diciembre en una gran tienda o determinados productos de una marca específica? O, para hacer una propuesta positiva, ¿qué pasaría si esta gran red de consumidores sólo adquiriera en la tienda que se atreva a cambiar e identifique productos que efectivamente le aseguren que han respetado al medio ambiente y las personas?

Empresas sustentables nos han demostrado que se puede ganar con las reglas de mercado, aun exigiendo estándares ambientales y sociales a sus  proveedores, es decir que no es utópico pensar en un ‘ganar-ganar’. El consumidor está maduro para entender la diferencia. Y la premia.  Me gustaría ver que directivos, ejecutivos y empleados se adelanten a una tendencia que está latente, y no que respondan luego de que consumidores indignados se empoderen, ni que leyes restrictivas  inhiban la libertad y las fuerzas de la innovación.

La primera gran tienda que deje de mirar sólo a su competencia –y se mire más a sí misma-, que esté dispuesta a invertir en solidaridad medioambiental y social, puede que deje de ganar dinero un tiempo, pero construirá con sus clientes un vínculo de fidelidad que los hará socios de una gran cadena de valor donde -de verdad- todos  ganan, y sin lugar a dudas accionistas, directivos, empleados, proveedores y clientes extremarán las confianzas mutuas.

De aquí a diciembre nosotros -los consumidores despiertos y no ‘atontados’- queremos regalos liberados de injusticias o abusos, no todos somos peleles de avisos emotivos que nos manipulan y dominan (vendiéndonos felicidad a costa de dolor). Ojalá las decoradas tiendas no pierdan la oportunidad de respetarnos (respetándose también a sí mismas), de obtener las mismas ganancias, sólo que a más largo plazo, de la mano de sus empleados, comunidades, proveedores y clientes.

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