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Contaminación: ¿falta de ventilación?

¿Que haría cualquier persona si en medio de su habitación se dejara un animal muerto? ¿Lo solucionaría abriendo la ventana para no sentir el hedor? ¿O comenzaría por preguntarse cómo y por qué llegó ese elemento ahí? La situación que experimenta la cuenca de Santiago todo el año no es más que simple evidencia de un ecosistema saturado, de la misma forma como nos comienza a asustar la imperiosa necesidad de lluvias y nieves para sostener la vida y las actividades productivas.

Por Gonzalo Muñoz
Gonzalo Muñoz
Gonzalo Muñoz, Co fundador de TriCiclos, Sistema B y director de Sociedad Anónima.

¿Que haría cualquier persona si en medio de su habitación alguien colocara un pañal con caca? ¿O si dejara un animal muerto?

¿Lo solucionaría abriendo la ventana para no sentir el hedor? ¿O comenzaría por preguntarse cómo y por qué llegó ese elemento a estar ahí?

Eso es lo que se me viene a la cabeza cada vez que escucho o leo que el problema de la contaminación atmosférica de Santiago es la falta de ventilación.

La situación que experimenta la cuenca de Santiago todo el año (no sólo con el frío invernal) no es más que simple evidencia de un ecosistema saturado, de la misma forma como nos comienza a asustar la imperiosa necesidad de lluvias y nieves para sostener la vida y las actividades productivas.

En un ecosistema cualquiera, puede ocurrir que una especie (animal, vegetal u otra) consiga condiciones ventajosas que la hagan proliferar y por lo tanto aumentar su población. Si el ecosistema es cerrado, entonces suele incrementarse la contaminación (entre ellas el aire), escasear los recursos básicos (como el agua), y aumentar el antagonismo (violencia).

Dejemos de mirar la mera consecuencia (el aire contaminado) y miremos las causales (exceso de carga, energía basada en hidrocarburos, comportamiento individualista, consumo irresponsable, desprecio por los servicios ecosistémicos naturales, etc). Como en la mayoría de los problemas de índole natural, la causa se descubre y resuelve mirando aguas arriba.

Es sorprendente este mismo comportamiento tan poco adaptativo de la supuesta especie inteligente en tantas ciudades alrededor del mundo. Asusta. Nos comportamos como si no tuviéramos consciencia, o como si no nos importara. Alternamos entre la inconsciencia y la irresponsabilidad, aun cuando la evidencia es absoluta y nos golpea en la cara (y en los pulmones).

¿Qué nos pasa a los seres humanos que vivimos tan brutalmente desconectados de las consecuencias de nuestra propia existencia en un entorno natural?

Pareciéramos pretender renegar una y otra vez de la innegable realidad de ser un animal más en esta bola suspendida en el universo.

Y aun cuando muchas veces entendemos y razonamos los problemas de nuestro entorno, creemos que todo se resuelve con tecnología y crecimiento económico, sin darnos cuenta que crecimiento no es lo mismo que desarrollo. Es por tanto que necesitamos desarrollarnos, mas que crecer. Debemos aprender urgentemente del anhelado desarrollo sustentable. Debemos aprender a mirar hacia el futuro con más  responsabilidad, y es que pareciera que no nos han enseñado a ser conscientes de nuestra realidad y limitaciones naturales. Una tarea más para el sistema educativo.

Así como nos falta educación cívica que nos ayude a aumentar el altruismo y la empatía; nos falta educación ambiental que nos ayude a aumentar la consciencia de lo que somos. Una especie más que necesita de un ecosistema saludable para desarrollarse, y crecer conforme lo permita el mismo ecosistema.

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