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El Nuevo Perfil de La Pobreza

La pobreza dura -analfabeta, desnutrida, sin techo, con mortalidad temprana- ha retrocedido muchísimo en los últimos 40 años; pero la nueva pobreza: alfabetizada, con superávit calórico, con techo construido con apoyo estatal, con mayor esperanza de vida, vive una realidad muy inestable en lo económico y restringido/aislado en lo sociocultural, que pone en riesgo la seguridad y calidad de la satisfacción de sus necesidades humanas y funcionamientos esenciales.

Por Leonardo Moreno (@leomoreno14)

Hemos conocido los resultados de la Casen 2011 y como Fundación Superación de la Pobreza queremos señalar que es una buena noticia para el país que, entre 2009 y 2011, la pobreza medida por ingresos, haya revertido, aunque fuera levemente, el alza experimentada en 2009, bajando del 15,1% al 14,4%. En una dirección similar y más intensa, la indigencia retrocede del 3,7% al 2,8%.

Este comportamiento ha contado con un telón de fondo auspicioso, tasas de crecimiento en el período cercanas al 6% promedio, aumento en las remuneraciones reales (4%) y caída del desempleo (del 11%, a menos del 7%). No obstante, considerando el nivel de crecimiento y el vigor de políticas de subsidios monetarios, podría haberse esperado una disminución aún mayor de las cifras. Parte de la explicación de este inusual comportamiento, se desprende, de manera similar que en el trienio anterior, debido a la inflación de los alimentos (13,2% acumulado), la que fue mayor que el IPC general (6,5%  acumulado).

Por otra parte, y como es una constante desde 1998, hay que insistir, una vez más, en nuestro desacuerdo con la no actualización de los bienes y servicios, estructura y factores que componen la Canasta de Satisfactores de Necesidades Básicas que se encuentra vigente y que fue construida en base al patrón de consumo de 1987.

Tampoco se han iniciado intentos permanentes por complementar dicha forma de medición de la pobreza, con alternativas que incluyan otras dimensiones más allá del ingreso, que permitan “auscultar”, de forma comprensiva, el bienestar de la población. En estos dos aspectos, actualizar y complementar, sólo se requiere voluntad política, pues el avance de la técnica y los métodos, así como la disponibilidad de información más reciente, hace que sea posible su desarrollo e implementación.

La pobreza dura -analfabeta, desnutrida, sin techo, con mortalidad temprana- ha retrocedido muchísimo en los últimos 40 años; pero la nueva pobreza: alfabetizada, con superávit calórico, con techo construido con apoyo estatal, con mayor esperanza de vida, vive una realidad muy inestable en lo económico y restringido/aislado en lo sociocultural, que pone en riesgo la seguridad y calidad de la satisfacción de sus necesidades humanas y funcionamientos esenciales.

En este marco, debemos reflexionar seriamente este nuevo perfil de pobreza. Vivir en pobreza no es sólo “no tener”, también y, muchas veces prioritariamente, es un impedimento para ser, hacer o inclusive estar en sociedad. Solo una nueva generación de políticas, con renovado enfoque y práctica, podrá atender y hacer frente a este desafío.

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