“El que no llora, no mama”

Cuando todos piden y exigen derechos, ¿cuál debe ser el criterio que establece las prioridades? Frente a la demanda de gratuidad y educación universitaria de calidad para todos, ¿dónde quedan los 80 mil niños excluidos del sistema escolar o los 15 mil que viven en residencias del Sename?

Por Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo
Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo

La antigua expresión usada en caso de naufragio: “Las mujeres y los niños primeros”, es de un sentido común palmario, el que estos tiempos históricos que vivimos en que los políticos se afanan en asegurarse votos frente a demandas legítimas de grupos ciudadanos organizados, parece brillar por su ausencia.

Cuando todos piden y exigen derechos, ¿cuál debe ser el criterio que establece las prioridades? Frente a la demanda de gratuidad y educación universitaria de calidad para todos, ¿dónde quedan los 80 mil niños excluidos del sistema escolar o los 15 mil que viven en residencias del Sename?

Es evidente que ninguno de estos dos grupos de chilenos -que, sin duda, son los más vulnerables entre los vulnerables- tienen la capacidad de organizarse y de salir a marchar por sus derechos atropellados. Ahí no hay voceros, ni líderes, ni movimientos sociales detrás, simplemente se trata de niños y jóvenes vulnerados por una sociedad que, dado que no reclaman, prefiere no darse por aludida y hacerse responsable de la precaria realidad en que viven.

Otro dicho antiguo y tanguero aplica aquí: “El que no llora, no mama”. Y aunque estos niños probablemente lloran, no maman, porque no tienen un entramado social organizado, que clame por la reivindicación de sus derechos.  Con suerte, generan notas en los noticieros, que llaman al escándalo, pero que se olvidan con la siguiente tragedia.

Este momento histórico en que la exigencia de derechos tan diversos y por muchos años postergados -como el de pensiones dignas, el de salud, el del matrimonio igualitario, el de la educación-, los chilenos como sociedad debemos acordar el orden en que estas demandas van a ir gradualmente satisfaciéndose, porque no pueden atenderse y resolverse todas juntas. El país no tiene las condiciones económicas para ello. Priorización y gradualidad son evidentes para abordar el tema de los derechos vulnerados que involucra la pobreza.

¿Quién define esos criterios?, es la pregunta.

El criterio debe ser privilegiar a aquellos que tienen más vulnerados sus derechos y atropellada su dignidad en lo más profundo. Esos son los niños y jóvenes del Sename, los excluidos del sistema educacional, las personas en situación de calle con discapacidad mental…  Ellos son los que tienen menos recursos para sobreponerse y salir delante de una situación de vulnerabilidad completa. Pero como no votan, no marchan, no exigen, están a merced de las migajas de una glosa en el presupuesto de la nación que se reduce año a año a razón de mil millones de pesos desde 2015, como sucede con las escuelas de reingreso para niños y jóvenes que están excluidos del sistema.

Por eso, este año, como Hogar de Cristo estamos instalando la idea fuerza: “Nacer y crecer en pobreza es la más profunda vulneración de derechos humanos”. Porque si nosotros y otros como nosotros que nos dedicamos a estos temas, no levantamos la voz por los más pobres entre los pobres, seguirá imponiéndose el predicamento del que llora y grita más fuerte, con la ayuda de su respectivo movimiento social.

 

 

 

 

 

 

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