El secreto de la Pizza

Para lo que no son enterados, el torneo más millonario del mundo es el inglés. Hay equipos regentados por magnates rusos del petróleo, jeques árabes y millonarios estadounidenses. Rivaliza con España en contratación de grandes jugadores y su competencia es altamente competitiva. Los equipos de Manchester, Liverpool y Londres se disputan la hegemonía, pero el pequeño Leicester City los batió a todos, y si suma unos pocos puntos más levantará el trofeo más codiciado y el que genera mayores derechos televisivos del planeta.

Por Aldo Schiappacasse

Leicester es una ciudad pequeña en Inglaterra. Está cerca de la principal línea de ferrocarril y de la carretera que une a Londres con Leeds. Después de la Segunda Guerra Mundial acogió a muchos inmigrantes asiáticos y musulmanes, por lo que es una de las urbes con más diversidad racial del Reino Unido. Tiene tres grandes universidades, lo que la convierte en una región de alta carga cultural, pero será famosa en un par de semanas más si logra la épica deportiva más grande del siglo en Gran Bretaña: ganar la Premier League.

Para lo que no son enterados, el torneo más millonario del mundo es el inglés. Hay equipos regentados por magnates rusos del petróleo, jeques árabes y millonarios estadounidenses. Rivaliza con España en contratación de grandes jugadores y su competencia es altamente competitiva. Los equipos de Manchester, Liverpool y Londres se disputan la hegemonía, pero el pequeño Leicester City los batió a todos, y si suma unos pocos puntos más levantará el trofeo más codiciado y el que genera mayores derechos televisivos del planeta.

En un continente donde manda el dinero y la inversión, el Leicester es una épica excepción, considerando que el año pasado se salvó del descenso en la última fecha. Su presidente sólo pretendía salvarse otra vez cuando contrató a un grupo de desclasados y luchadores para afrontar esta temporada, donde destaca Jaime Vardy, un goleador que hasta hace un par de años complementaba su modesto sueldo con un puesto en una fábrica de férulas. Hoy es seleccionado.

La clave del Leicester es su entrenador, un italiano de 64 años que jamás estuvo en los clubes grandes. Claudio Rainieri llora cuando su equipo gana un partido importante y se compromete con los 250 mil habitantes de la ciudad que lo acogió para rozar la gloria. Su secreto, por supuesto, es la comida. Específicamente la pizza.

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En las primeras fechas de este torneo su escuadra marcaba muchos goles, pero recibía demasiados en contra. Para salir campeón, Rainieri comprendió que debía mejorar la defensa con algo más que trabajo, pues requería del compromiso de todos los jugadores, incluidos los delanteros, lo que de inmediato lo diferenciaría de los equipos con mejor plantel. Para lograrlo estableció un compromiso con sus pupilos: cada vez que terminaran un partido sin goles en contra, les regalaría una pizza.

El premio se volvió tan frecuente, que la pizzería de la plaza de Leicester comenzó a llenarse los lunes. Ahora los jugadores hacen su propia masa, un gentío semejante a una manifestación los acompaña y el pueblo come unido la cena de los elegidos. Están a unas pocas semanas de consagrarse campeones de manera insospechada y mágica y están escribiendo la historia más linda del fútbol europeo en muchos años. Leicester es, por estos días, la ciudad con la menor tasa de criminalidad del país y la de mejor integración racial.

Gracias a la pizza y un sentido único de solidaridad, que surgió en la cancha y se trasladó a las calles. Ganándole a los millones, las estrellas y los magnates.

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