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Fundación Mi Parque recupera áreas verdes y fortalece la relación de la comunidades

Por Luis Aravena Sanhueza

Construir espacios verdes que sirvan de encuentro para las comunidades. Ese es el objetivo de esta ONG que utiliza un modelo de intervención basado en la participación ciudadana. “Queremos empoderar a los vecinos en la gestión de sus espacios y fortalecerlos como comunidad”, explicó Ignacio Lira.

El 50% de las áreas verdes de la capital están concentradas en sólo nueve comunas del Gran Santiago. Vitacura lidera este listado con 18,3 metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Al contrario, Puente Alto sólo cuenta con 1.3 m²/hab, lejos de los nueve que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Para cambiar este panorama, Fundación Mi Parque trabaja en el mejoramiento de áreas verdes a través de un trabajo mancomunado con las comunidades de los sectores intervenidos. En cuatro años han desarrollado 87 proyectos (14 de ellos en regiones) con una intervención total de 100 mil m² de áreas verdes que beneficia a más de 300 mil personas.

“Existen sectores vulnerables donde ni siquiera hay espacios verdes al interior de las casas. Creemos que los barrios deben garantizar lugares de encuentro con el equipamiento necesario y una conectividad que esté pensada a partir de las necesidades de las comunidades. Así podríamos cortar algunos ciclos degenerativos de nuestra sociedad”, asegura Ignacio Lira, subdirector de Fundación Mi Parque.

La mayoría de los espacios intervenidos son terrenos públicos destinados a áreas verdes por decretos de los planos reguladores. Es un requisito que el lugar esté emplazado en un sector residencial para que se lleve a cabo el proyecto, donde las municipalidades cumplen un rol fundamental en la gestión y en el compromiso posterior de mantención de las plazas.

La inversión que implica la implementación de espacios verdes es una de las principales razones del déficit que existe en esta materia en las comunas más vulnerables del país. El precio de referencia de la construcción de áreas verdes se estima en 0,75UF –más de $17 mil– el metro cuadrado. Además, se suman los costos de mantención, los cuales, aproximadamente, en siete años acumulan el valor inicial del parque.

“La inversión vale la pena debido a los beneficios que genera”, asegura Ignacio Lira. “Esperamos que las plazas se conviertan en lugares que irradien entretención, cultura y educación, y así disminuir la desigualdad existente en los barrios de nuestro país”, agregó el arquitecto. 

Fortalecer las comunidades

En invierno, la lluvia convertía la tierra en fango. En verano, el viento del atardecer  arremolinaba la arena de aquel sitio baldío. Durante años, esa fue la zona de juegos de decenas de niños de la Villa Oro Olímpico de Colina. Los pequeños aprovechaban la naturaleza del terreno para construir castillos de barro y, los más traviesos, recolectaban piedras para lanzarlas a lo que se les cruzara por delante.

“Era deprimente abrir la puerta de mi casa y ver cómo los niños jugaban en un verdadero desierto”, recuerda Maribel Schirmer, Presidenta de la Junta de Vecinos de la Villa Oro Olímpico de Colina, la cual sólo tenía una sede vecinal y una multicancha.

Un desierto, hasta que Fundación Mi Parque aplicó su efectivo modelo de intervención.

El primer paso es la coordinación con el municipio local, acción que se efectúa paralelamente a la búsqueda de financiamiento, que la mayoría de las veces es provisto por empresas. Luego, se realizan cuatro Talleres de Diseño Participativo,  donde la comunidad comenta y discute cómo les gustaría que fuese el parque. Posteriormente, una constructora realiza los trabajos previos necesarios para dar paso a la intervención ciudadana que convoca a niños, adultos y ancianos del sector.

En el caso de la Villa Oro Olímpico de Colina, el pasado 17 de diciembre, 300 vecinos se reunieron con los directivos y voluntarios de la organización sin fines de lucro. En menos de cuatro horas plantaron 70 árboles, 250 plantas y 300 m² de pasto. Hoy, la plaza cuenta con una pérgola, mobiliarios, zona de juegos y máquinas de ejercicios.

“El cambio fue impresionante, parecía otro lugar. Ahora llegan más niños que antes a jugar y adultos aprovechan de hacer ejercicios”, relata con orgullo Maribel Schirmer, quien es la encargada de mantener el vínculo con Mi Parque durante los dos años de seguimiento que realiza la ONG tras finalizar sus intervenciones.

Para convocar a los vecinos a involucrarse en las iniciativas, el equipo de 7.500 voluntarios envía cartas y realiza visitas puerta a puerta. “Trabajamos intensamente para que el proyecto posea representatividad de los intereses de la comunidad. Si los vecinos no participan, pierde sentido intervenir la plaza. La construcción de áreas verdes es una especie de excusa para empoderarlos en la gestión de sus espacios y fortalecerlos como comunidad”, explica Lira.

Déjanos tu comentario

  • Alejandro González Guajardo

    Excelente iniciativa. Ojala pudiese recibir algun financiamiento estatal o derechamente que el Estado replique este plan de la ONG.

  • Manuel Infante

    Este es lo que debemos hacer todos en Chile; mucho trabajo comunitario puesto que solo de esta manera se hace respetar por la misma gente.
    El reconocimiento al esfuerzo de cada miembro de la comunidad por cada espacio recuperado y a los niños y jóvenes se les debe inculcar el valor del respeto, por todo lo que hacen sus padres, familia, vecinos y ellos mismos. Excelente y que los alcaldes se pongan con árboles plantas tierra de hojas, herramientas y sistema de riego.