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Fundadora Corpaliv es reconocida por Premio Mujer Impacta 2017

María Angélica Baragaño es presidenta y fundadora de la Corporación de Padres y amigos del limitado visual, Corpaliv, un largo nombre que refleja una gran historia de vida. Ella es una de las siete ganadoras del PREMIO MUJER IMPACTA 2017, reconocimiento que distinguió a mujeres “arquitectas de cambio”, que con sus distintas iniciativas, trabajos y esfuerzo, contribuyen a soluciones concretas a distintas realidades y problemáticas de nuestro país, para ser de Chile un país más humano, solidario e inclusivo.

María Angélica Baragaño es presidenta y fundadora de la Corporación de Padres y amigos del limitado visual, Corpaliv, un largo nombre que refleja una gran historia de vida. Ella es una de las siete ganadoras del PREMIO MUJER IMPACTA 2017, reconocimiento que distinguió a mujeres “arquitectas de cambio”, que con sus distintas iniciativas, trabajos y esfuerzo, contribuyen a soluciones concretas a distintas realidades y problemáticas de nuestro país, para ser de Chile un país más humano, solidario e inclusivo.

Corpaliv nace como una corporación sin fines de lucro, se originó o se inspiró debido a la condición física de su hijo Pablo, quien hoy tiene 45 años. Este acontecimiento ocurrió en Denver, Estados Unidos, debido a una destinación de su marido, “en ese país no te ayudan mucho a dar a luz, estuve un día entero en trabajo de parto y cuando me llevan a mi hijo, luego de varias horas de nacido, me miró y noté inmediatamente que tenía un ojito blanco, nadie me dio ninguna explicación de por qué estaba así”. María Angélica recuerda este hecho con un dejo de nostalgia, tristeza y dolor, que se trasluce en su tono de voz, recordó la soledad que vivió, estando en otro país y alejada de su familia, en un acontecimiento tan importante como es dar a luz a su primer hijo. Los doctores nunca le explicaron que tenía verdaderamente Pablo; “como era un sólo ojo el que se veía dañado, me quedé con la sensación que todo iba a cambiar y se iba a normalizar”, pero no fue así”.

Cuando el niño tenía tres meses se volvieron a Chile y pasaron por varios pediatras, para encontrar el diagnóstico exacto, sin embargo esto no ocurrió, nadie supo explicarle. “Y así cuando me preguntan qué le pasó a Pablo, contesto que nació ciego y con un grado de discapacidad intelectual”.

María Angélica tiene otros dos hijos, Carola y Andrés menores que Pablo, así que su vida se desarrolló entre la educación y la enseñanza de todos ellos, paralelamente cuando Pablo tenía 7 años, el matrimonio se separó y le tocó enfrentar su vida sola. “No fue fácil ese tiempo, pero había que seguir el camino que la vida me había puesto por delante, fue complicado encontrar un colegio para Pablo, porque si se matriculaba en un colegio exclusivo para ciegos, por su condición no iba a seguir las instrucciones normales de la educación”.

Un deambular por distintos colegios

“En esa época, hace más de 30 años, no se conocían los términos de discapacidad múltiple, y realmente uno no sabía cómo criar a un niño con estas características, para que tuviera un desarrollo positivo y acorde a sus condiciones, para ayudarlo en su estimulación y desarrollo. Esto se transformó en un motor muy importante en mi vida, empecé a deambular por distintas escuelas y colegios, para encontrar el más adecuado”, señala María Angélica.

“Cuando Pablo tenía 12 años lo puse en la Escuela de Ciegos Santa Lucía, ubicada en la Gran Avenida, perteneciente a la Fundación Luz, ahí asistían solamente ciegos, sin embargo también habían mamás que tenían hijos con características similares al mío. Fue entonces que empezó a nacer tímidamente la idea de juntarnos y formar una corporación, que nos apoyara y guiara nuestro quehacer como padres de niños especiales”.

“Lo primero fue generar lazos, conocernos y buscar cómo hacer los estatutos de la entidad, al principio sólo nos reuníamos para acompañarnos, aconsejarnos y compartir nuestras realidades, nuestras historias de vida, cada una más difícil que la otra y con el pasar de los años se fue desarrollando este lindo proyecto de la Escuela Especial de Corpaliv , inspirado en las capacidades diferentes de mi hijo”.

Sin embargo, por un par de años la idea de la Corporación quedó sin actividad, por distintas razones. Luego de este período en el año 1992 se retoma la idea, con fuerza, se juntaron con un psicólogo de la Universidad Católica, Ricardo Rozas, quien les colaboró y orientó, en ese momento eran cerca de 20 papas, tanto del Colegio Luciérnaga (pre-escolar), como del Santa Lucía. Comienzan a funcionar con los estatutos ya constutuídos y con todas las ganas de tener un colegio especial para atender a los niños ciegos y con otras discapacidades, para darles un mejor desarrollo emocional y cognitivo y una mejor calidad de vida. Por el boca a boca empiezan a llegar otros apoderados con hijos con estas mismas características.

En tanto la vida de María Angélica transcurría entre la educación de sus otros dos hijos, y su trabajó en ECOM (Empresa Nacional de Computación)…“me tenía que dividir y apechugar no más con atención especial a Pablo, tratando que colaboraran y se hicieran parte de la vida de su hermano mis otros hijos, cosa que es así hasta el día de hoy”.

¿Cómo empieza el crecimiento de Corpaliv?

“Y así milagrosamente como digo empieza a llegar por distintos lados la ayuda, aparece una profesora diferencial de buena voluntad que hizo clases a los niños en un galpón, en una Iglesia Metodista, Pablo en esa época era más grande, asistía al Hellen Keller.”

Fue así como un papá se consiguió en el Ministerio de Bienes Nacionales, la casa donde hoy funcionan, al principio los apoderados aportaban dinero para pagar a profesoras especializadas, Pablo tenía 17 años y María Angélica decide matricularlo en Corpaliv.

Por otra parte Alejandro Hormeño, otro papá consiguió que la Escuela fuera reconocida por el Ministerio de Educación y así empiezan a subsistir con distintas ayudas: por un lado con la estatal y por otro con la colaboración de Perkins Internacional y CBM, fundación alemana para ciegos, y de Fonadis.

“Sin embargo pasamos nuestras crisis económicas, como toda institución sin fines de lucro, en la búsqueda de financiamiento, se nos ocurrió la idea hacer eventos a beneficencia, tales como: tallarinatas, desfiles, bingos, shows etc. También iniciamos el proyecto de reclutar socios colaboradores. Esto fue de gran ayuda para implementar nuevas terapias y recibir a más niños”.María Angélica Presidenta y Sostenedora de Corpaliv, desde el año 2000, es el motor de todas estas acciones, tomó como un desafío personal el evento solidario una vez al año, para poder subsistir.

Toma cuerpo la Escuela Especial y aparece en el 2012, Teresa Barrientos, su actual directora, con 20 años de experiencia en educación diferencial, ella ha sido un gran aporte tanto en lo humano como en lo educativo y en la formación del equipo de profesoras especializadas de la entidad.

Cabe destacar que Corpaliv nació con la idea que la Escuela estuviera dirigida para niños y niñas de escasos recursos, por esta razón que además brinda el transporte, subsidiado por el establecimiento, porque dado la condición física de muchos alumnos, es muy difícil que los padres puedan trasladarse en transporte público con ellos.

¿Y cuáles son tus sueños?

“Siempre ha habido una mano divina que nos ha ayudado, hace 5 años se constituyó un directorio nuevo, con distintas profesionales jóvenes y es importante recalcar que ninguna tienen hijos con discapacidad. Con este grupo de gran calidad humana, hemos podido obtener más recursos y nuevos socios, además se concretó un gran anhelo, contratar una Directora Ejecutiva, Daniela Grau, que ha logrado gestionar dado su ímpetu y espíritu solidario, la llegada de más recursos”.

A pesar que Pablo fue el inspirador de esta obra, no recibió los beneficios de la Escuela, por un tema de edad, sin embargo él habitualmente va a Corpaliv, se siente muy cómodo, es muy bien recibido por el equipo de profesoras que lo conocen desde hace muchos años y colabora en todo lo que puede con ellas, ya que se desenvuelve fácilmente en los espacios de la Escuela.

“Mi sueño es tener una casa de acogida, porque todos los días me pregunto qué pasará con estos niños cuando nosotros, sus papás, no estemos para apoyarlos. Implementar una casa de acogida, sería una gran tranquilidad y me sentiría con la tarea completamente cumplida”, señala finalmente María Angélica Baragaño.

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