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Haití y el resto del Continente

La historia ha demostrado que si un grupo de personas se une por una noble y justa causa es posible modificar las condiciones adversas en que se vive, sin ir más lejos así ocurrió en Chile con la batalla que emprendimos contra la mortalidad y la desnutrición infantil (hace varias décadas éramos el país de América con los peores indicadores al respecto!) y lo logramos, con la ayuda de muchas y de muchos, del Estado, de la sociedad civil y de la empresa.

América, y en particular América Latina y el Caribe, es un Continente cuyos habitantes necesitamos mirarnos a nosotros mismos con mayor dignidad, reconocernos repletos de riquezas y de capacidades, y que requerimos para aprovecharlas un trabajo colectivo comprometido

Por Benito Baranda

Hace un mes tuve el privilegio junto a otras personas –dado mi trabajo en América Solidaria-  de recorrer Hualpén, Coronel, Lota y Lebu (Chile),  luego por tercera vez en el 2012 parte de Puerto Príncipe y algo del sur de Haití, y en las últimas dos semanas hice lo mismo en las poblaciones de Guayaquil y Lima, en cada uno de esos lugares aprecie la voluntad de los individuos y familias por dejar de vivir en pobreza material y nuevamente constaté, también, que debemos seguir removiendo los obstáculos que impiden que estas personas salgan de la exclusión social y la marginalidad. Eso es lo que hacen las decenas de jóvenes profesionales que desde hace 10 años dejan sus países de origen para instalarse a trabajar en programas de superación de la pobreza en localidades excluidas, con su esfuerzo y conocimientos, con su amor y dedicación, colaboran y transforman sus vidas, ya han comenzado a fundar una nueva América!

Es este un Continente rico, sin embargo cerca de un cuarto de sus habitantes viven hoy en situación de  pobreza, somos cerca de 1.000 millones de habitantes en un territorio maravilloso, con culturas preciosas y multifacéticas, con recursos naturales privilegiados y con una juventud llena de energía, sueños y deseos de una existencia más digna.

Esta es nuestra casa, este Continente es el que nos cobija y somos parte de los pueblos que lo habitan, ¿puede un hermano nuestro existir entonces en condiciones de miseria, abandono, con carencia de oportunidades reales, en medio de este gran y hermoso territorio?, ¿podemos seguir tolerando las desigualdades vergonzosas que no hacen más que privarnos de las ricas potencialidades y capacidades de niños, jóvenes y adultos que ambicionan crecer en libertad igual que nosotros?. La historia ha demostrado que si un grupo de personas se une por una noble y justa causa es posible modificar las condiciones adversas en que se vive, sin ir más lejos así ocurrió en Chile con la batalla que emprendimos contra la mortalidad y la desnutrición infantil (hace varias décadas éramos el país de América con los peores indicadores al respecto!) y lo logramos, con la ayuda de muchas y de muchos, del Estado, de la sociedad civil y de la empresa.

América, y en particular América Latina y el Caribe, es un Continente cuyos habitantes necesitamos mirarnos a nosotros mismos con mayor dignidad, reconocernos repletos de riquezas y de capacidades,  y que requerimos para aprovecharlas un trabajo colectivo comprometido. Ya es tiempo de hacerlo, destinemos tiempo a mirarnos y valorizarnos, para luego relacionarnos de manera igualitaria derribando los prejuicios y la discriminación, y así lograremos construir políticas sociales basadas en derechos, mercados fundados en la justicia y una sociedad civil madura y responsable de su propio desarrollo sin olvidar el de los demás y la necesaria vida en sociedad que estamos llamados a humanizar. Superar la exclusión social y disminuir la desigualdad en el Continente es posible!

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