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Kanki ha acogido a más de 800 niños enfermos

Por Gabriela Castillo

Con el objetivo de entregarles un hogar para que puedan realizar sus vidas en similares condiciones que otros niños de su edad, Kanki ayuda y acoge a niños con distintas enfermedades, que, por diversos motivos, sus familias no pueden hacerse cargo de ellos ni garantizar el cuidado suficiente.

Aladín tenía 9 años cuando llegó a Kanki. Su pronóstico era desolador: en dos meses más fallecería debido a su inmunodeficiencia que lo hacía vivir con un cuarto de pulmón y ser dependiente del oxígeno.  Desde Puerto Montt se trasladó a Santiago pues allá no podían seguir haciéndose cargo de él y su tratamiento debía realizarlo en la capital. En Kanki lo recibieron para que pudiese pasar sus últimos meses de vida en similares condiciones que otros niños de su edad.  El primer paso para eso, fue contratarle un profesor particular para que lo nivelara hasta 3° básico, pues no tenía escolaridad y era necesario que estuviese a la par con los otros. Además, para que pudiese jugar con los otros menores y mejorar su calidad de vida, le conectaron al oxígeno una manguera extensa, ya que en esos años -1993- todavía no existían las mochilas para portar el oxigeno.

Al igual que Aladín, son más de 800 niños los que han estado en Kanki, un lugar de tránsito para niños enfermos y de escasos recursos de entre 0 a 15 años, que por diversas situaciones sus padres o  familiares no se pueden hacer cargo de ellos durante su enfermedad –ya sea por el riesgo social en el que se encuentran al no vivir en una casa adecuada para su padecimiento, o por ser niños de provincia sin familiares en Santiago y que requieren un tratamiento en la capital, o simplemente porque sus padres deben trabajar por la necesidad de tener otros hijos que alimentar-.

Por qué Kanki

La Corporación Francisco Javier Lagos Olavarrieta Para Ayuda al Niño Enfermo “Kanki”, le debe su nombre precisamente a Francisco Lagos “Kankisco”, un niño de 9 años que, enfermo de cáncer, falleció en 1981. Sin embargo, siempre tuvo la idea de ayudar a los demás niños en los hospitales. “Durante su enfermedad vio que habían niños solos, muy abandonados en los hospitales. Es por esto que le propuso a su mamá hacer algo para poder ayudarlos”, explica Wurth.  Además, a lo anterior se suma un grupo de pediatras del entonces Hospital Paula Jaraquemada que conocían la historia de “Kankisco”, entre ellos el jefe del servicio pediátrico, doctor Santiago Prado Palma, quienes viendo la carencia existente en los hospitales, idean una casa de recuperación para niños de escasos recursos, principalmente, provenientes de provincias. “Muchos de estos niños enfermos pasaban meses o años en el hospital, sin la necesidad de estarlo. Ellos vieron aquí una necesidad muy concreta de trasladar a estos niños a otro lugar, para que dejaran de vivir una vida que no les correspondía, junto con desocupar camas que requerían otros con más urgencia”, comenta Wurth.

Cuando un niño no puede recuperarse en su propia casa, y se ve recluido en un hospital, no tiene el cariño de su familia y sufre psicológicamente. Esto puede traerles depresiones, complicaciones físicas y prolongar o truncar su recuperación, explican desde Kanki. Asimismo, las largas hospitalizaciones de niños en tratamiento implican una mayor utilización de camas en los hospitales, en un sistema que no siempre da abasto y que son necesarias para otros menores con enfermedades que sí las requieren. “Aquí cubrimos todas sus necesidades de salud, educación y alimentación. Es una residencia, un hogar para niños enfermos”, explica Soledad Wurth, Gerente General de Corporación Kanki.

Pasaron los dos meses de vida que habían pronosticado y Aladín, sorpresivamente, comenzó a mejorar. Ya había nivelado parte de sus estudios por lo que empezó a ir al colegio. Un día, luego de un control de rutina, aseguraron que el niño ya estaba bien, que no se iba a morir como antes lo habían diagnosticado y que ya no requeriría de oxígeno durante el día.

La Corporación hoy

Actualmente Kanki alberga a 11 niños con distintas enfermedades en edad pediátrica. Para poder atenderlos, cuentan con un equipo de trabajo compuesto por 6 auxiliares de enfermería que día y noche los acompañan, más una manipuladora de alimentos que se hace cargo de las comidas. Además 2 voluntarias profesionales –una sicóloga y otra sicopedagoga- que ayudan en la parte sicológica, en la convivencia y en temas pedagógicos de los niños, además de Soledad Wurth, la encargada de los niños, que cumple el rol de padre y madre.

La capacidad del recinto no permite que más niños puedan ser acogidos en este lugar, por lo que las proyecciones para Kanki son, en un futuro, cambiarse de casa para aumentar la capacidad y muchos más niños puedan recuperase de sus dolencias físicas en un ambiente familiar y de cariño.

 

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