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La calle mata

Vivir en la calle es un trauma más. Es estar expuesto a diversos riesgos, físicos y psicológicos y por supuesto a la discriminación. Para sobrevivir, es necesario desplegar una serie de recursos y estrategias, entre las cuales el uso de alcohol puede aparecer como una forma de hacer frente el día a día; aun cuando implique dificultades adicionales para su salud, cumple una función adaptativa. El 41,5% de las personas catastradas dice tener problemas con el alcohol.

Por Sergio Chacón, Fundación Paréntesis

“Un hombre de aproximadamente 60 años fue hallado sin vida en la vía pública (…) Hasta el momento la causa sería hipotermia”, así comentaba la prensa la noticia del hombre en situación de calle que fue encontrado muerto, luego de una fría noche hace algunos días.

Lo triste es que no es el frio lo que mata a las personas que habitan las calles de nuestro país, lo que los mata es nuestra dificultad para “ver” y “reconocer” a estos ciudadanos como sujetos de derechos y además de “indignarnos” con su situación y comprometernos en transformar nuestro país y sus reglas del juego que hacen que cada invierno sigan muriendo olvidados en alguna vereda de nuestras ciudades. El 2010 murieron 150 personas en situación de calle y afortunadamente esta cifra ha ido disminuyendo cada año, pero esta persona fallecida, ¿será uno más de cuántos este año?

Ni una persona más muerta en la calle por no tener como refugiarse es aceptable. Es el frio de nuestra mirada indiferente la que mata.

El último Catastro Nacional de Personas en Situación de Calle realizado por el Ministerio de Desarrollo Social determinó que más de 12 mil hombres, mujeres y niños, son un grupo de ciudadanos diversos, con necesidades múltiples, pero con los mismos derechos, que lamentablemente son vulnerados y su realidad y su voz sigue sin escucharse. Si los contáramos hoy, seguramente esa cifra sería mayor.

5,8 años es el tiempo promedio en el que permanecen en la calle, siendo la mayoría hombres. Sus principales problemas de salud derivan del consumo de alcohol y drogas. Los problemas familiares aparecen, según su propio reporte, como la principal razón de por qué llegan a vivir en la calle.

Entender a las personas en situación de calle implica empatizar con su historia. Cuatro o más eventos traumáticos durante la niñez de una persona, como maltrato físico y/o psicológico, pueden generar doce veces mayor riesgo de conductas problemáticas como el uso perjudicial de sustancias. Precisamente, el 42% de quienes viven en la calle, declaran haber experimentado uno o más sucesos vitales de estrés (violencia entre padres, maltrato, abusos, etc.) durante su infancia.

Vivir en la calle es un trauma más. Es estar expuesto a diversos riesgos, físicos y psicológicos y por supuesto a la discriminación. Para sobrevivir, es necesario desplegar una serie de recursos y estrategias, entre las cuales el uso de alcohol puede aparecer como una forma de hacer frente el día a día; aun cuando implique dificultades adicionales para su salud, cumple una función adaptativa. El 41,5% de las personas catastradas dice tener problemas con el alcohol.

El Estado y las ONG hemos venido desarrollando un trabajo importante por visibilizar y aportar a resolver las condiciones de exclusión de las personas en situación de calle, pero aún queda mucho por hacer. Viendo el vaso medio lleno (de oportunidades), desde Fundación Paréntesis, creemos que los desafíos de transformación de nuestro país pasan por acciones y decisiones muy concretas:

  • Avanzar en las modificaciones legales que permitan eliminar las barreras estructurales que impactan negativamente en el abordaje de la situación de este grupo de ciudadanos (inclusión en las distintas mediciones, coordinación intersectorial, provisión de servicios permanentes)
  • Incluir en las políticas públicas el paradigma “PRIMERO TENER DONDE VIVIR” (Housing First) como base para la implementación de otros apoyos y soluciones integrales
  • Garantizar coordinación intersectorial de políticas con la participación de las ONG
  • Garantizar la inclusión participativa y protagonista de las propias personas en situación de calle en el diseño y evaluación de las políticas dirigidas a ellos y ellas
  • Trabajar todos para salir al camino de los procesos de estigmatización y discriminación de las personas en situación de calle al momento de recibir atención tanto en servicios públicos como privados.
  • Revisar los umbrales de ingreso en los dispositivos de albergue y atención especializada, particularmente aquellos que dicen relación con exigir abstinencia de alcohol o no estar bajo los efectos del alcohol para poder acceder.

Trabajemos para transformar nuestro país, juguémonos por la inclusión de las personas en situación de calle, indignémonos con su situación e involucrémonos en las soluciones. Nadie sobra en este empeño, se necesitan las voluntades, las manos, pero sobre todo el corazón, un corazón implicado, como diría Alberto Hurtado, hará que las soluciones sean muy distintas.

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  • Monica chacon

    .En la medida que pongamos nuestro corazon a disposicion del otro…generamos vinculo y cambios significativos.