La cancha más pareja

La BBC publicó un sitio donde se puede comparar el sueldo de las estrellas con el de cualquier ciudadano. Miles de personas ingresaron para saber, en cuantos años, podrían ganar tanta plata como Cristiano Ronaldo en un día. La iniciativa parece cruel, pero los creadores se justificaron señalando que era una forma de dejar en claro la desigualdad social, uno de los fenómenos más injustos de las sociedades contemporáneas.

Por Aldo Schiappacasse

aldo2La BBC publicó hace poco un sitio donde se puede comparar el sueldo de las grandes estrellas del mundo con el de cualquier ciudadano. Inmediatamente miles de personas ingresaron para saber, en cuantos años, podrían ganar tanta plata como Cristiano Ronaldo en un día. La iniciativa parece cruel, pero los creadores se justificaron señalando que era apenas una forma de dejar en claro la desigualdad social, uno de los fenómenos más crueles e injustos de las sociedades contemporáneas.

En diciembre del año pasado, a pocas semanas de la Navidad, un tipo llamado Martin Wroe le escribió una carta a las principales figuras del Arsenal, para manifestarle su admiración y agradecimiento por la alegría que le brindaban a él y a todos los hinchas con su juego y entrega al espectáculo. Pero también les hacía un llamado, sobre todo a Alexis Sánchez, invocando su pasado de pobrezas y carencias en Tocopilla. La idea de la misiva era simple: convencer al club de pagarle el salario mínimo a decenas de empleados que eran contratados por horas o días, con el fin evidente de abaratar costos. Los encargados del aseo, los vendedores de fish and chips los días de partido o los guardias de seguridad de uno de los clubes más ricos del mundo –y  que cobra las entradas más caras de la Premier League-  no perciben siquiera el salario mínimo. Inmigrantes o jóvenes que deben sostener, cada fin de semana,  un espectáculo que mueve fortunas incalculables por apenas unas monedas, y sin ningún resguardo legal.

La situación de los clubes ingleses es particularmente incómoda. Como casi todos los grandes equipos del mundo, reciben generosos aportes de sus propietarios ligados mayormente al petróleo. Los hay rusos, como Abramovich del Chelsea o emiraities como Sulaiman Al- Fahim, del Manchester City dispuestos a pagar precios obscenos para contratar a los mejores jugadores del planeta, pero que no trepidan en alzar los boletos a los partidos hasta límites prohibitivos para los hinchas más pobres, los de la clase obrera, que fueron injustamente marginados cuando la intención fue alejar a los hooligans de las gradas. Hoy un porcentaje importante de los boletos unitarios que vende el Liverpool van a empresas de turismo, mientras que un obrero de los astilleros debería pagar el equivalente a tres sueldos para ingresar a un partido de la Champions. En su ciudad.

La corrupta elite de la FIFA se gastó casi 40 millones de dólares en una película de autopromoción llamada “United Passions”, que resultó un fracaso desde el estreno y que finalmente no llegó a las salas comerciales. La razón es simple: ningún aficionado, en ningún lugar del planeta, creerá en el altruismo de los dirigentes ni en la transparencia de los procedimientos. El único eslabón que sobrevive en el afecto de los aficionados es el de los jugadores, que pronto tendrán que asumir los costos de imagen que significa la danza de millones de la que son protagonistas en un mundo cada vez más carenciado. Es su rol de ídolos el que está en juego, y aunque las reglas están escritas desde hace rato, hay quienes creen que –antes del impúdico gasto que significará organizar un mundial en Qatar- el grito por un fútbol más justo está en sus gargantas.

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