La magia no puede estar en la trampa

Implementar medidas de fiscalización electrónica en el fútbol podría quitar la magia al juego. Pero como me dijo un amigo en un partido de la copa Libertadores “la magia no puede estar en la trampa”. Y es así en el deporte rey, como en la vida misma. No podemos imaginar una sociedad donde todos quieran sacar provecho y saltarse las normas. Así como tampoco suena razonable imaginar que ese comportamiento sea de exclusivo privilegio de unos pocos.

Por Gonzalo Muñoz
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Gonzalo Muñoz, Co fundador Triciclos y Sistema B.

Hace poco menos de un año, con motivo del mundial de fútbol, me tocó estar en un bar viendo un partido junto a un grupo de estadounidenses. Durante el juego (como ocurre habitualmente), uno de los equipos marcó un gol en clara posición ilícita, sin embrago los jueces no marcaron la falta y validaron el tanto. Mientras el resto de la concurrencia celebraba el gol, los gringos sentados a mi lado veían atónitos la repetición con el detalle de la falta no cobrada. Se voltearon hacia mi desconcertados para preguntarme si eso era o no una acción penalizada. Ante mi respuesta positiva preguntaron reiteradas veces porque era que el árbitro entonces había marcado el gol como válido. Después de unos minutos de una conversación con claros tintes absurdos, se pararon y se retiraron indignados sin comprender como era que este juego había premiado a aquel que había faltado a las reglas, inclusive cuando la disponibilidad de tecnología había dado objetividad al asunto en cuestión.

Muchas personas creen que implementar medidas de fiscalización electrónica en el fútbol quitaría la magia al juego. Pero tal como me dijo un amigo esta semana mientras asistimos a un partido de la copa Libertadores en Sao Paulo, “la magia no puede estar en la trampa”. Y es así en el deporte rey, como en la vida misma. No podemos imaginar una sociedad donde todos quieran sacar provecho y saltarse las normas. Así como tampoco suena razonable imaginar que ese comportamiento sea de exclusivo privilegio de unos pocos.

Estamos viviendo una maravillosa época donde se está cuestionando la cultura de la viveza criolla, la pillería, el flaite winner, el jeitinho, la ley de Gerson. Debemos atrevernos a cuestionar el beneficio propio en el corto plazo, a costa del bienestar común en el largo plazo. Quien comete una falta, daña también de sobremanera la creencia del colectivo. Y particularmente si esa falta es celebrada por algunos y copiada por otros tantos.

No es posible que en el deporte, en los negocios o en la política, hayamos vivido momentos en los que la pillería se ha celebrado. Tenemos que recuperar (si alguna vez la tuvimos), esa gallardía y elegancia del logro bien habido. Donde los objetivos se consiguen con inteligencia, capacidad, trabajo, respetando las normas y buscando ser cada día mejor. Subiendo la vara en vez de intentar “pasar piolita”.

En el mundo empresarial se ha posicionado en ya 39 países la B de las “Empresas B” o “Bcorps” como la alternativa más concreta para que las empresas avancen hacia modelos de negocios donde el sentido del éxito no sólo se mide por resultados financieros, sino también por el impacto positivo en todos los stakeholders (incluyendo la sociedad y el planeta).

Quizás en el fútbol esa épica se puede recuperar en el amateurismo de las divisiones  B, tal como ya han levantado esa bandera Bielsa, Sampaoli y Guardiola, entre otros.  En cualquier caso considero relevante que como sociedad pensemos en un plan B, donde la trampa siempre se identifica, se señala y se erradica.

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