Menú

Larga vida a las mujeres

El informe “Envejecimiento en el Siglo XXI”, del Fondo de Población para las Naciones Unidas (UNFPA) y HelpAge International, señala que en el mundo hay una proporción mayor de mujeres que de hombres mayores de 60 años. En Chile la situación no es muy distinta. De los 2.885.157 adultos mayores que arrojó el último Censo (2012), un 42,7% eran hombres y un 57,3% mujeres. Se espera que para el 2100 la proporción sea de 40,4 (hombres) frente a 59,6%.

Por Consuelo Moreno, Oportunidad Mayor
Consuelo Moreno, Coordinadora de Incidencia

Hombres y mujeres experimentamos la vejez de manera diferente. Para bien o para mal, el género influye en hechos tan fundamentales como el acceso a los recursos y a las oportunidades. Y aunque hemos evolucionado positivamente con los años, todavía se aprecian diferencias, por ejemplo, en el acceso a la educación, al mundo laboral y a las pensiones.

El informe “Envejecimiento en el Siglo XXI”, del Fondo de Población para las Naciones Unidas (UNFPA) y HelpAge International, señala que en el mundo hay una proporción mayor de mujeres que de hombres mayores de 60 años. En Chile la situación no es muy distinta. De los 2.885.157 adultos mayores que arrojó el último Censo (2012), un 42,7% eran hombres y un 57,3% mujeres. Se espera que para el 2100 la proporción sea de 40,4 (hombres) frente a 59,6%.

Las mujeres en Chile estamos viviendo en promedio 7 u 8 años más que los hombres. Por eso que este mes, en que celebramos a las mujeres, sería bueno preguntarse cuáles son los factores que influyen en ese fenómeno y qué hacemos para que esta feminización de la vejez se viva de la mejor manera posible…

Está demostrado que el envejecimiento es algo que cada ser humano vive de manera particular y en ello intervienen diversos factores, como el estilo de vida, la educación, la salud, la nutrición, la genética y la familia, entre otros. Según el informe de la ONU, las mujeres vivimos más porque nos cuidamos mucho más durante el transcurso de nuestras vidas. Somos más preocupadas de la salud, nos alimentamos mejor, bebemos menos alcohol, dormimos más y somos menos sedentarias.

Sin embargo el vivir más no significa necesariamente que la calidad vida de esos años sea mejor. Muchas de las mujeres que hoy tienen 60, 70, 80 y más años viven ese tiempo adicional en condiciones bastante menos gratas que los hombres. El informe “Envejecimiento en el Siglo XXI”, del Fondo de Población para las Naciones Unidas (UNFPA) y HelpAge International asegura que las muejres mayores disponen de una menor cantidad de tiempo desocupado para dedicarlo libremente a actividades relacionadas con el cuidado personal y la satisfacción de necesidades, ya sean educativas, lúdicas, laborales o de ocio. Por otro lado, sostiene que el grado de autonomía para hacer con su tiempo desocupado lo que quieran es tres veces inferior a la capacidad de la que disfrutan los hombres mayores. Esto, porque muchas veces las mujeres están condicionadas por las personas que comparten su vida: marido, hijos, padres, etcétera, y no ponen en primer lugar lo que quisieran hacer, sino lo que tienen que hacer.

Asimismo, muchas de ellas, al haber dedicado su vida a actividades domésticas, que no están valorizadas por no estar integradas en el mercado laboral, no disfrutan de las condiciones de calidad de vida e igualdad de oportunidades que deben estar garantizadas en cualquier sociedad.

Pero eso debe cambiar. O al menos es lo que añoramos. El aumento de la esperanza de vida hoy está acompañado de estándares de salud mucho mejores que hace 30 y más años, por lo que las mujeres mayores de los próximos 20 años, -donde estaré yo- nos enfrentaremos a la vejez con experiencias laborales, económicas, familiares, de poder y estatus diferentes a las de nuestras predecesoras y, por lo tanto, dispondremos –al menos eso esperamos- de mayores recursos económicos, sociales e intelectuales que ellas.

Pero para que ello ocurra es fundamental que el proceso de feminización de la vejez traiga consigo políticas relacionadas con un enfoque de género. Entre otros, deben materializarse acciones encaminadas al equilibrio social de la población femenina, que permitan la inclusión igualitaria en educación, en opciones profesionales y laborales, en protección y en el cuidado integral de la salud.

Sólo de esa forma las adultas mayores del futuro podremos llegar a la vejez con una buena calidad de vida.

Déjanos tu comentario