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Por los niños y niñas de América Latina y el Caribe

Trabajar por los niños y niñas de Chile y de América Latina y el Caribe es una necesidad urgente, sus dolores aún son grandes y requieren del compromiso de todos y todas para lograrlo, ninguno de nosotros sobra. En nuestro país demostramos que en un poco más de un siglo superamos la desnutrición y mortalidad infantil que nos azolaba en el siglo 19. Ellos y ellas nos están esperando, aspiran a decisiones que les permitan abrigar mayores esperanzas.

Por Benito Baranda, América Solidaria y Director Fundación Sociedad Anónima

La mayor privación de libertad, la más extendida en el mundo, sigue siendo la pobreza, ella mata, destruye las potencialidades de las personas, somete a la violencia a las familias y nos priva de poder desarrollar las ricas capacidades naturales que todos y todas poseemos. En nuestra región viven cerca de 200 millones de niños y niñas, un poco más de 70 millones cada día experimenta la pobreza, sus barreras y profundas frustraciones, viven muchas veces sin comprender las grandes desigualdades, las diferencias en el acceso a los servicios y las oportunidades, le resulta seguramente muy difícil comprender las carencias de agua, alimento, educación, salud y vivienda.

Unos 14 millones de niños y niñas no asisten a la escuela, 6 millones sufren la desnutrición crónica, más de un tercio de sus familias habitan lugares precarios, 22 mueren cada hora (534 al día y 195.000 cada año) y la violencia nos arrebata (por homicidios) a 25.000. ¿No representa esta realidad un escándalo, no significa una emergencia? Es como si conviviéramos cada año con un terremoto similar al de Haití del 2010 y que nos destruyera territorios, comunidades y familias completas.

Trabajar por los niños y niñas de Chile y de América Latina y el Caribe es una necesidad urgente, sus dolores aún son grandes y requieren del compromiso de todos y todas para lograrlo, ninguno de nosotros sobra. En nuestro país demostramos que en un poco más de un siglo superamos la desnutrición y mortalidad infantil que nos azolaba en el siglo 19. Ellos y ellas nos están esperando, aspiran a decisiones que les permitan abrigar mayores esperanzas.

En América Solidaria, a través del programa Concausa queremos justamente inspirar a los jóvenes secundarios de todo el continente para que se involucren también en esta tarea, así las nuevas generaciones pueden soñar con una América diferente y comprometer sus vidas para llevar adelante junto a otros y otras esta labor. Seamos todos y todas parte de este gran cambio!

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