Los refugiados corporativos y el brillo en los ojos

En un segundo encuentro 3xi, esta vez en la sede del Pequeño Cottolengo en Cerrillos, se nos invitó a módulos donde viven las 300 personas con minusvalía mental severa; personas que no pueden moverse por sí mismas ni comunicarse más allá de una mirada o una eventual sonrisa.

Por Gonzalo Muñoz, director Fundación Sociedad Anónima.
Gonzalo Muñoz, Co fundador de TriCiclos, Sistema B y director de Sociedad Anónima.

Es cada vez más frecuente encontrarse con “refugiados corporativos”, personas que salieron del mundo corporativo y que buscaron su nuevo lugar en el mundo. Personas que hablan de su vida pasada con orgullo, pero con la frustración de no haber logrado toda su capacidad en ese entorno. Hay quienes dicen haber salido de una moledora de carne y existen quienes dicen haber esperado hasta acumular una cierta cantidad de dinero.

En un segundo encuentro 3xi, esta vez en la sede del Pequeño Cottolengo en Cerrillos, se nos invitó a módulos donde viven las 300 personas con minusvalía mental severa; personas que no pueden moverse por sí mismas ni comunicarse más allá de una mirada o una eventual sonrisa. En la sala donde entramos, una profesora diferencial trabajando sobre una colchoneta en el suelo, acariciaba a uno de ellos con algo parecido a un pañuelo en un movimiento terapéutico.

Mi primera, reacción fue sentir que trabajar ahí era una especie de castigo. La sala era oscura, con poca ventilación, con luces molestas y la tarea que estaba realizando parecía poco gratificante.

Ida la profesora, nos saludó con una sonrisa. Mientras nos explicaba la tarea con Christopher, sus ojos iban mostrando un brillo que aumentaba por segundos. Entonces recordé otro aprendizaje: una participante del encuentro de las empresas B dijo que la mejor arma secreta de ese grupo radicaba en el brillo en los ojos de quienes están impulsando ese nuevo sector en la economía, donde las empresas deben tener un propósito y un impacto más allá del meramente financiero.

Ida no sólo no estaba viviendo eso como un castigo y tal como también dijo Cristián Glenz (Refugiado Corporativo y actual director ejecutivo del Cottolengo), “¡Tengo el mejor trabajo del mundo!”. El brillo en los ojos de Ida y de Cristián, es el arma secreta de esa fundación, que se hace cargo de lo que técnicamente sería un “error del estado”, pero que es un error de nuestra sociedad al no ser capaz de integrarlos con el amor que merecen.

Salí del pequeño Cottolengo convencido que el brillo en los ojos es la forma para detener la estampida de refugiados corporativos. Parte de la propuesta de 3xi es ayudar a que se conozcan personas como Ida, y de esa forma cada vez más chilenos y chilenas no tengan que esperar hasta las 6 de la tarde para que sus ojos comiencen a brillar.

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