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Mercado del trabajo y las barreras que debemos derribar en Chile

En este sentido, políticas públicas que impulsen la incorporación de las mujeres al trabajo, bajar las barreras de entrada hacia los cargos directivos o al acceso a financiamiento para las emprendedoras, abrir los espacios para la capacitación y fomentar trabajos formales, son herramientas concretas que podemos y debemos implementar. Un mundo del trabajo diverso e inclusivo, en el cual la economía crezca y en donde todos nos beneficiemos, es absolutamente posible. Se trata, en gran medida, de perder el miedo y aunar voluntades.

Por Alejandra Fuenzalida, directora ejecutiva de United Way Chile
Alejandra Fuenzalida, directora ejecutiva ONG United Way Chile

Las cifras más recientes sobre el mercado del trabajo en Chile nos muestran que la participación femenina alcanzó un 48,5% en comparación con el 71,2% que registran los hombres entre 2010 y 2017. Así lo dio a conocer el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) durante marzo, en el contexto del Día Internacional de la Mujer. Es una cifra potente, que nos muestra cómo aún existe un importante esfuerzo que debemos realizar como sociedad para reducir al máximo las brechas de género en un área tan sensible para el bienestar de millones de familias.

Entender el mercado laboral es complejo. La infinidad de factores que inciden en los indicadores de empleabilidad, van moldeando un escenario en el que debemos poner atención permanentemente y cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿De qué manera podemos trabajar como sociedad para lograr una incorporación real y efectiva de las mujeres al mundo del trabajo?

Observemos, por ejemplo, datos levantados en Estados Unidos, donde cada 10% más de mujeres que ingresan al mercado laboral los salarios incrementan en promedio un 5%. Para muchos, estos números pueden ser todavía muy tibios si buscamos un cambio radical en la radiografía laboral y en la reducción de las brechas de género. Sin embargo, cuando logramos incluir este tipo de análisis en nuestra discusión, las posibilidades para encontrar mecanismos de inclusión se amplían. En ese país, se logró una transición de un 34% de mujeres activas en el mundo laboral en 1950 a casi un 57% en 2016, según una publicación del Harvard Business Review.

Si volvemos a Chile, las cifras entregadas por la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2010-2016 arrojan un ingreso medio mensual 31,7% menor para las mujeres en comparación a los hombres. En términos del ingreso mediano mensual, este número alcanza el 25%. Si logramos tomar conciencia real de lo que estos datos significan y el impacto que tienen para la calidad de vida de gran parte de la población, podremos generar aquellos cambios que se necesitan para construir un nuevo perfil laboral en Chile.

En este sentido, políticas públicas que impulsen la incorporación de las mujeres al trabajo, bajar las barreras de entrada hacia los cargos directivos o al acceso a financiamiento para las emprendedoras, abrir los espacios para la capacitación y fomentar trabajos formales, son herramientas concretas que podemos y debemos implementar. Un mundo del trabajo diverso e inclusivo, en el cual la economía crezca y en donde todos nos beneficiemos, es absolutamente posible. Se trata, en gran medida, de perder el miedo y aunar voluntades.

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