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Promesas + Promesas: ¿hasta cuándo?

“Aquí se construirá nuevo complejo asistencial Dr. Sotero del Río” es lo que leo desde hace años en un gigantesco cartel en el metro de la línea 4, a la altura del Hospital Dr. Sotero del Río, en un terreno muy extenso. Así como yo, las miles de personas que viajamos hacia Puente Alto, observan este deteriorado letrero publicitario que no se ha manifestado en ninguna realidad concreta, allí está destiñéndose y desilusionando.

Por Benito Baranda, Director Fundación Sociedad Anónima

“Aquí se construirá nuevo complejo asistencial Dr. Sotero del Río” es lo que leo desde hace años en un gigantesco cartel en el metro de la línea 4, a la altura del Hospital Dr. Sotero del Río, en un terreno muy extenso. Así como yo, las miles de personas que viajamos hacia Puente Alto, observan este deteriorado letrero publicitario que no se ha manifestado en ninguna realidad concreta, allí está destiñéndose y desilusionando.

He visto en la franja electoral que un ex presidente manifiesta haber cumplido con lo prometido en su campaña. Por curiosidad recopilé algunas de sus propuestas y me di cuenta que varias no se lograron y otras con precariedad.

Además me recordé de algunos compromisos verbales durante su mandato que nunca se ejecutaron, de promesas legislativas que se enviaron solo para cumplir con el check list sabiendo que no contaban con el apoyo de parlamentarios de su propia coalición, o de los miles de subsidios habitacionales que se entregaron sin contar con proyectos de construcción previos. Recientemente lo escuché decir que el tiempo presidencial era corto y que no todo se podía hacer. ¿Para qué prometen si saben que no se puede ejecutar, para qué ilusionan si tienen clara conciencia que no lo alcanzan a efectuar, para qué abren esperanzas si muchas veces no depende de ellos –ni de Chile- sino más bien está en manos de la situación económica internacional?

La mejor campaña para recuperar el prestigio de la política radica en que los programas y compromisos se ajusten a la realidad, tengan en consideración la discusión legislativa y el tiempo de ejecución.

Por eso se agradece cuando hay austeridad en los programas, rigurosidad en los compromisos y realismo en las promesas, esto sólo se logra en cercanía con la comunidad, en un vínculo permanente con la ciudadanía, con las organizaciones de la sociedad civil, en una relación cívica madura y horizontal con los electores. Al menos yo no me deslumbro por los supuestos gobiernos exitosos, prefiero aquellos que silenciosamente trabajan por la justicia pensando en el largo plazo y desde una mirada integral del ser humano en relación con su entorno, dando protagonismo a la ciudadanía, y que se abocan a la excelencia para sembrar hoy lo que rendirá frutos en décadas posteriores.

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