¿Qué y cómo es lo que hay que reconstruir ahora?

Pasados los momentos más duros de la emergencia tras los devastadores incendios de este verano, la reconstrucción, y todas las reconstrucciones que son necesarias en este país cada tanto, deben estar entre las prioridades, tanto políticas como presupuestarias y de gestión. Estos siniestros, como lo hemos dicho tantas veces, dejaron una vez más en evidencia la vulnerabilidad en la que estamos, en la que viven miles de familias, y que esta vez, vieron destruirse sus territorios, hábitat, pueblos, casas, entorno, animales, herramientas de trabajo.

Por Leonardo Moreno, Director Fundación Sociedad Anónima
Leonardo Moreno
Director ejecutivo Fundación Superación de la Pobreza y Director de Fundación Sociedad Anónima.

En muchos casos, la existencia. La vida tal como era y mejor. Es un desafío duro, pero no es más que un umbral de dignidad. Si una tragedia nos visibiliza la realidad de un territorio rezagado, entonces es una oportunidad que tenemos como sociedad de saldar una deuda.

Pasados los momentos más duros de la emergencia tras los devastadores incendios de este verano, la reconstrucción, y todas las reconstrucciones que son necesarias en este país cada tanto, deben estar entre las prioridades, tanto políticas como presupuestarias y de gestión. Estos siniestros, como lo hemos dicho tantas veces, dejaron una vez más en evidencia la vulnerabilidad en la que estamos, en la que viven miles de familias, y que esta vez, vieron destruirse sus territorios, hábitat, pueblos, casas, entorno, animales, herramientas de trabajo.

Podemos pensar que con tanta experiencia de desastre natural acumulada, ya debiésemos manejar las claves para emprender una nueva reconstrucción: sentido de urgencia, flexibilidad, coordinación, justicia. Pero lamentablemente no queda claro aún que sea así.

Sabemos que la estructura de oportunidades de una sociedad como la nuestra tiene tres vértices: Estado, sector privado empresarial y sociedad civil; y que cada parte de esa estructura debe aportar lo suyo para que las oportunidades sean progresivamente de mejor calidad. No hay progreso, desarrollo y superación de pobreza y desigualdad, sin esa apuesta. Por ello, tenemos la responsabilidad ineludible, urgente, ética, de mantener en la palestra el proceso de reconstrucción, muchas veces invisible, después de que el tema se agota en la agenda de los medios y entramos de lleno al “modo campaña” donde las prioridades responden a otros intereses.

Para subsanar las dañadas capacidades de las comunidades afectadas hay que partir por incorporarlas de lleno en la decisión de su reconstrucción. Esta reconstrucción no sería completa si no cuenta con la activa participación de la comunidad afectada, no solo en la visibilización de las necesidades, sino también en la búsqueda de soluciones y cambios. Es decir, qué se requiere y cómo lo requieren. Lo que se reconstruya debe ser entonces, mejor que lo que había antes. Las instituciones debemos ser cuidadosas y cuidar las relaciones que se establezcan con las comunidades, de otro modo, la reconstrucción no se sentirá ni será propia.

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