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Repensar la Sociedad

La sociedad actual requiere ser repensada, no podemos continuar ignorando el malestar reinante y los costos crecientes que este malestar va generando en nuestras comunidades, no solo económicos y políticos sino que principalmente sociales, culturales y psicológicos. Además se requiere avanzar con mayor celeridad en favorecer la ‘madurez ciudadana’, es decir el que cada habitante de un territorio se haga también responsable de su entorno, de sus relaciones y que progrese en la evolución de su conciencia moral.

Por Benito Baranda
Sociedad Anónima

Rol social de los ciudadanos en Chile: responsabilidad, compromiso y lucidez (IV)

La sociedad actual requiere ser repensada, no podemos continuar ignorando el malestar reinante y los costos crecientes que este malestar va generando en nuestras comunidades, no solo económicos y políticos sino que principalmente sociales, culturales y psicológicos. Además se requiere avanzar con mayor celeridad en favorecer la ‘madurez ciudadana’, es decir el que cada habitante de un territorio se haga también responsable de su entorno, de sus relaciones y que progrese en la evolución de su conciencia moral. Necesitamos vivir en comunidad y construir en conjunto con ella nuestra confianza, seguridad y felicidad, y dejar atrás la sospecha y la duda.

Como señala Zygmunt Bauman: “echamos de menos la comunidad porque echamos de menos la seguridad, una cualidad que el mundo que habitamos cada vez es menos capaz de ofrecer e incluso más reacio a prometer (…) Los dos principales cometidos que debe invocar la comunidad para enfrentarse a las patologías e la sociedad atomizada de hoy en un campo de batalla verdaderamente relevante son, por un lado, la igualdad y los recursos necesarios para reconvertir el destino de los individuos de jure en las capacidades de los individuos de facto y, por otro, ofrecer garantías colectivas frente a las incapacidades y desgracias individuales (…). Si ha de existir una comunidad en un mundo de individuos, sólo se puede ser (y tiene que ser) una comunidad entretejida a partir del compartir y del cuidado mutuo; una comunidad que atienda a, y se responsabilice de, la igualdad del derecho a ser humanos y de la igualdad de posibilidades para ejercer ese derecho”[1].

En este ámbito la ciudadanía organizada en Chile tiene mucho que decir, tiene mucho que asumir, tiene mucho por lo que comprometerse y de lo cual hacerse responsable, y es allí donde el Estado debe generar un marco regulatorio apropiado a este fin y el Mercado debe hacerse permeable a este sentir ciudadano para facilitar su desarrollo y acción, no entendiéndolo como un costo sino más bien como una oportunidad de constituir una sociedad mejor.

Hoy por hoy uno de los grandes desafíos de nuestras sociedades es lograr una mayor agregación de intereses de todos los actores. Este desafío de construir una gobernabilidad democrática requiere entonces que cada componente de la estructura de oportunidades, Estado, sociedad civil y mercado cumplan su rol y se complementen para logra una articulación e integración de los intereses de todos los miembros de la sociedad. Para ello resulta imprescindible que los tres actúen con la altura y madurez que requiere esta tarea, por el bien de todos y en particular por el bien de quienes han sido excluidos y privados de la oportunidad de participar en esta sociedad.

 



[1] Bauman, Z. 2008. Comunidad: en busca de seguridad en un mundo hostil. Ed. Siglo XXI, Madrid.

Como dice Santo Tomás: “El bien común es el fin de las personas singulares que existen en la comunidad, como el fin del todo es el fin de las partes. Sin embargo el bien de una persona singular no es el fin de otra.”

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