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Siete lucas

Si bien el Sernac no pudo incorporar la acción de donar los siete mil pesos en forma directa, como habían solicitado organizaciones de la sociedad civil, las fundaciones sociales quieren hacerse de la compensación por la colusión del papel. El crowdfunding —pedir poco, pero a muchos— ha sido la forma de recoger recursos de la mayoría de las fundaciones. Si esto lo multiplicamos a miles de chilenos, es entendible la ansiedad de las organizaciones sociales que ofrecen convertir la colusión en algo bueno para muchos.

Por Loreto Lavín, Directora Fundación Sociedad Anónima
Loreto Lavín
Vicepresidenta ejecutiva Fundación Sociedad Anónima.

Si bien el Sernac no pudo incorporar la acción de donar los siete mil pesos en forma directa, como habían solicitado organizaciones de la sociedad civil, las fundaciones sociales quieren hacerse de la compensación por la colusión del papel. El crowdfunding —pedir poco, pero a muchos— ha sido la forma de recoger recursos de la mayoría de las fundaciones. Si esto lo multiplicamos a miles de chilenos, es entendible la ansiedad de las organizaciones sociales que ofrecen convertir la colusión en algo bueno para muchos.

Cada organización social enviará a sus redes los datos donde depositar, llamando a convertir malas prácticas en una obra de bien. Este agosto sabremos si Chile es un país solidario, como se preguntaba Alberto Hurtado. Por él, que murió el 18 de agosto, se asignó este mes como el mes de la solidaridad. Pero un grupo de organizaciones de la sociedad civil quiere ir más allá y, trabajando con una agencia de publicidad pro bono, quiere invitar a abrazar una causa, convirtiéndonos en aportantes permanentes.

Muchos creen que las fundaciones solidarias son sólo de niños o ancianos, enfermos y campamentos. Si echamos una mirada a las 400 organizaciones de la Guía de la Solidaridad nos encontramos además con el mundo de la protección animal, la participación ciudadana, el medio ambiente y el emprendimiento; nuevas necesidades abordadas por organizaciones no gubernamentales que trabajan donde el Estado no llega.

Ojalá en agosto quede un poco del coraje que nos dio la colusión para hacer el camino de la inscripción, buscar una fundación que nos motive y donarle las siete lucas. Y, mejor todavía, buscar una organización que esté haciendo lo que yo haría si tuviera tiempo, e inscribirme como socio. Hacerse socio y participar del esfuerzo de una fundación es demostrar que, por sobre la pequeñez de algunos, podemos motivar una sociedad más justa, más digna y solidaria. Sería irónico transformar la colusión, que siempre busca el beneficio egoísta para pocos, en solidaridad para muchos.

 

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