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Tercer Índice de Solidaridad en Chile: Menos donación de dinero y más donación de tiempo personal

El Centro de Medición MIDE UC de la Universidad Católica entregó los resultados del Tercer Índice de Solidaridad en Chile, una iniciativa que comenzó en 2009 con la colaboración del Hogar de Cristo. Este estudio busca precisar cuán solidarios son los chilenos, qué factores favorecen o dificultan las conductas de ayuda a los demás y qué visiones, percepciones y emociones tenemos como compatriotas acerca de los pobres y la pobreza.

Esta tercera versión se realizó a partir de la aplicación de una encuesta a nivel nacional, que tuvo como universo a personas de ambos sexos y de todos los grupos socioeconómicos, entre 18 y 64 años de edad, residentes en hogares particulares del Gran Santiago, Antofagasta, Viña del Mar, Valparaíso, Concepción, Talcahuano y Temuco. La población representada alcanzó a las 5,3 millones de personas según las proyecciones de población para el año 2012 del INE-CELADE (basado en el Censo de 2002). Las anteriores versiones de este Índice fueron realizadas en el Gran Santiago en 2009 y a nivel nacional el año 2010.

Índice de Solidaridad 2012: menos donación de dinero y más donación de tiempo personal.

Como en sus versiones anteriores, el puntaje del Índice varía entre 0 y 10 puntos. En todos los casos el valor cero representa la ausencia total de conductas de ayuda y 10 representa el máximo nivel de ayuda posible.
El Índice se construye al preguntarle al encuestado con qué frecuencia realiza 24 conductas de ayuda en tres ámbitos:

  • Donación de dinero (7 conductas)
  • Donación de objetos materiales (8 conductas)
  • Donación de tiempo personal (9 conductas).

El Índice promedio de Solidaridad Global 2012 es de 3,36, claramente por debajo del punto medio de la escala. El ámbito que presenta los valores más altos es la de donación de dinero (5,61), seguido por la donación de tiempo personal (2,26) y luego por la donación de objetos materiales (2,22).

El valor global del Índice 2012 es prácticamente igual al del año 2010 cuando alcanzó un 3,34. Sin embargo se advierten cambios en la forma en que se alcanza este año ese valor. Mientras que la donación en dinero baja entre 2010 y 2012 de 5,99 a 5,61, la donación de objetos materiales sube de 2,07 a 2,22 y la donación de tiempo personal salta de 1,95 a 2,26. Llama la atención este último incremento pues este tipo de ayuda es la más difícil de hacer y la que más compromete a las personas.

Además, se observan diferencias estadísticamente significativas en el Índice global por tramos de edad (3,2 para los jóvenes de 18 a 24 años y de 3,6 para los adultos de 50 a64 años) y por sexo (3,5 en mujeres y 3,2 en hombres). Al analizar separadamente cada uno de los ámbitos del índice, se observa que para la donación de dinero también son las mujeres y los de mayor edad quienes donan más. Asimismo, se constata que los grupos de ingresos altos y medios superan a los de ingresos bajos (lo que es esperable por tratarse de donación de dinero). Es llamativo que los sectores altos y medios han disminuido sus donaciones de dinero en comparación al año 2010, mientras que los de ingresos bajos las han mantenido (6,6 el sector medio y 6,5 el alto, mientras el sector de bajos ingresos ese año alcanzó un valor de 5,4).

La donación de objetos materiales muestra diferencias estadísticamente significativas por grupos de edad y sexo en el mismo sentido de la donación monetaria: donan más los de mayor edad y las mujeres (2,5 versus 1,9 de los hombres).

Finalmente, la donación de tiempo personal muestra diferencias significativas sólo por nivel socioeconómico (NSE), y son los grupos de menores ingresos quienes más donan tiempo personal para ayudar a otros, 2,4 en relación a 2,1 de los niveles medios y altos.

Respecto de las conductas de donación más frecuentes, en la dimensión monetaria aparece el dar dinero a la Teletón (62,8% dicen que los hacen frecuentemente, o siempre o casi siempre) y el dar el vuelto para las instituciones de ayuda (62,3%). Las mayores caídas respecto del año 2010 corresponden a “dar dinero en situaciones de catástrofe” (pasa de 53,1% a 45,1%) y “dar dinero a instituciones de ayuda” (baja de 41,7% a 34,7%).

En promedio el 29,9% de las personas dona entre $100 y $1.000 mensuales y un 27,6% entre $2.000 y $5.000. Sumas mayores a 10 mil pesos mensuales sólo son reportadas por un 4,9% de los encuestados.

En la dimensión de donación material las mayores menciones las reciben la donación de ropa, zapatos y frazadas (30,8%) y la de mercaderías y de alimentos (30,1%). La primera categoría mencionada ha subido respecto de 2010 en 6,3%.

Mientras que la donación de tiempo personal se canaliza mayoritariamente a dar apoyo emocional a personas que no son parientes (34,3%) y participar en actividades benéficas (34,2%). Esta última categoría ha experimentado 9 puntos porcentuales de incremento desde la medición anterior, evidenciando una mayor disposición a participa de iniciativas de ayuda a los demás.

Factores que se asocian positivamente al Índice de Solidaridad.

El Índice de Solidaridad presenta mayores valores en aquellas personas que:

  • Empatizan con la pobreza (3,8 en el Índice en relación a 2,9 que muestran baja empatía)
  • Adhieren a valores solidarios (4,0 en relación a 2,8 que presentan bajo nivel de esos valores)
  • Se sienten reponsables por el problema de la pobreza (3,6 versus 3,1 de los que no se sienten responsables)
  • Se identifican con el país (3,9 versus 3,1)
  • Confían en las instituciones públicas (3,5 versus 3,3)
  • Estiman que la ayuda que hacen tendrá impacto (3,7 versus 3,0 de los que estiman que su ayuda tendrá bajo impacto).

En su conjunto, estas diferencias, que son semejantes a las observadas en 2010, demuestran que son las personas más integradas socialmente (con identificación social, con altos grados de confianza en las instituciones, con valores solidarios y preocupadas de comprender la realidad de otros), quienes parecen más solidarias. Si nuestra sociedad quisiera aumentar sus niveles de solidaridad, debería fomentar estos factores, a través de la educación y las instituciones públicas.

Percepciones y visiones de la pobreza: Mayor empatía y responsabilización por los pobres pero una visión matizada respecto de las causas de la pobreza.

Uno de los signos llamativos de la encuesta realizada este año es el aumento en los niveles de empatía de los sectores de ingresos altos y medios altos hacia las personas en situación de pobreza. Como puede advertirse en la figura siguiente todas las afirmaciones relacionadas tanto con la empatía emocional como con la cognitiva, experimentan fuertes incrementos de hasta dos dígitos entre los años 2010 y 2012. Ello indica que los sectores más acomodados afirman colocarse en una perspectiva emocional y cognitiva de mayor acercamiento a los grupos de ingresos más bajos. Las razones de esta mayor empatía no fueron directamente indagadas, pero se puede especular que la fuerte presencia de los movimientos sociales en los últimos tiempos, han sensibilizado a nuestra sociedad en torno a los temas de pobreza y equidad.

Un segundo factor que destaca y que va en la línea de los datos anteriores es el sentido de responsabilización de los sectores altos y medios altos en el tema de la pobreza.  En efecto, la frase “Me siento responsable por la mala calidad de vida en la que viven los pobres” fue contestada afirmativamente por un 15,3% de los encuestados pertenecientes a los grupos mencionados el año 2010 y este porcentaje subió a 22,1% este año. Algo similar ocurre con la afirmación “Considero que los problemas que tienen las personas pobres son también mis problemas”, en la que el grado de acuerdo pasa de 23,5% a 30,7% en similar período de tiempo. En todo caso hay que mencionar que esos valores, pese a los aumentos registrados, siguen siendo minoritarios. En promedio solo el 24% de la población se siente responsable por la mala calidad de vida de los pobres y el 34% está de acuerdo con que los problemas de los pobres son sus problemas.

Un tercer elemento consultado es acerca de las razones por qué los pobres no pueden salir de la situación de pobreza. En esta interrogante se diferenció  entre causas atribuibles a factores externos (sociales o económicos) o a factores internos (personalidad o “naturaleza humana”).

En términos generales los factores externos son más mencionados que los factores internos pero estos últimos reciben una cantidad apreciable de menciones (de cinco causas “internas” tres reciben más de 50% de menciones). Incluso un 46,4% de personas afirma que la causa para no salir de la pobreza es la “flojera” y un 24% señala que hay algo esencial en la naturaleza de los pobres que los condena a seguir siendo pobres.

Las diferentes menciones y sus porcentajes pueden verse en el siguiente gráfico. Respecto de la comparación con la medición del año 2010 en general la tendencia se repite aunque en cada opción, tanto las pertenecientes a factores internos como externos, hay un aumento de menciones que oscila entre los 7 y los 2 puntos porcentuales. La única explicación que disminuye en los últimos dos años es la ya mencionada “Nacieron pobres y seguirán siendo pobres”, la que pasa de un 28 a un 24 por ciento. Los encuestados de mayor edad, las mujeres y las personas de nivel socioeconómico bajo son quienes más atribuyen a factores internos, como la falta de esfuerzo o la flojera, las dificultades para superar la pobreza.

Ficha Técnica del Tercer Índice de Solidaridad en Chile:

El método de recolección de datos consistió en entrevistas cara a cara en hogares particulares aplicando tabla aleatoria tipo Kish para la selección de la persona y la muestra alcanzó a las 1.294 personas con una selección probabilística en sus tres etapas (manzana-hogar-persona) con muestreo aleatorio y estratificado por GSE en cada ciudad.
El error muestral de esta encuesta se estima en ±2,7% (considerando varianza máxima y un 95% de confianza) y el trabajo de terreno se efectuó entre el 8 de septiembre y el 26 de octubre del 2012.

La presentación completa del estudio puede ser descargada desde www.mideuc.cl

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