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Transparencia en la sociedad civil

Roberto Peralta, abogado

Las graves situaciones que ha tenido que encarar la Iglesia Católica chilena recientemente nos enseñan que es indispensable hacer bien el bien. Fundaciones, corporaciones, organizaciones comunitarias y las ONG en general hacen mucho bien. Ayudan a los más necesitados, discapacitados, enfermos, niños y adultos mayores; protegen el medio ambiente; promueven la educación, el deporte, la ciencia y la cultura; mejoran el acceso a la salud y la justicia; promueven el voluntariado, la cooperación y el capital social, entre muchas iniciativas.

Pero todo este bien, ¿lo estamos haciendo bien?

En el mejor de los casos, podemos decir que no lo sabemos. Ya han empezado a salir a la luz algunas irregularidades en instituciones importantes como la ANFP y la Cruz Roja. Peor aún, estudios especializados en filantropía revelan una inexplicable desconfianza de aportantes respecto de las organizaciones de la sociedad civil que ellos mismos apoyan. Esta percepción también existe en el sector público respecto de las instituciones que éste financia. No es de extrañarnos, entonces, que las organizaciones de la sociedad civil estén hoy enfrentando una merma de recursos. ¿Qué podemos hacer para salir de este círculo vicioso?

Hace cinco años, algunas ONG chilenas ya han empezado a implementar estándares de transparencia y buenas prácticas, basadas en la experiencia de países desarrollados. El resultado de esta experiencia no sólo ha traído una mejora sustancial en transparentar aspectos claves de la organización (financiamiento, actividades y gasto) que antes no se veían claramente en las tradicionales memorias y balances. También ha aportado mejoras significativas en su gestión, gobernanza, planificación y coherencia organizacional.

Si bien la implementación de estos estándares aún se ha limitado a unas pocas organizaciones pioneras, las autoridades y los tribunales han empezado a aplicar medidas, incluyendo la disolución forzada de organizaciones, que dan señales claras sobre lo imperioso de implementar transparencia y buenas prácticas sin más demora.

Como a nadie le gusta verse mal, la transparencia nos ofrece un camino eficaz para que podamos hacer bien el bien.

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