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Descubrir un libro

Sin embargo, hoy quiero invitarlos a desestimar todas las buenas razones que se nos aparecen automáticamente al pensar en un libro puesto en manos de los niños, tales como: “probablemente se interesará más por el colegio, mejorará su nivel y velocidad de lectura, sumará nuevas palabras a su vocabulario, integrará nuevos conocimientos, más información…” y así sucesivamente.

Por María Paz Garafulic, Fundación Había una Vez
María Paz Garafulic, Fundación Había una Vez

Lo primero que nos salta a la mente cuando pensamos en libros, bibliotecas y niños es que un libro siempre es valioso, un objeto “culto” que contribuye a su formación intelectual y académica, que padres, profesores y adultos que los rodean se sentirán satisfechos al observar lo que parece ser una buena herramienta para la “formación” de niños más “instruidos”.

Sin embargo, hoy quiero invitarlos a desestimar todas las buenas razones que se nos aparecen automáticamente al pensar en un libro puesto en manos de los niños, tales como: “probablemente se interesará más por el colegio, mejorará su nivel y velocidad de lectura, sumará nuevas palabras a su vocabulario, integrará nuevos conocimientos, más información…” y así sucesivamente.

Los invito a que tomemos los libros con una perspectiva distinta, en que la entrega del objeto sea principalmente simbólica, que valoricemos, más que el objeto, el contexto y atmósfera que prometen los libros en manos de los niños… que sintamos el libro como una: invitación al silencio, cuando están, sobre todo hoy, tan expuestos al ruido;
puerta a una soledad creativa, a instantes en que no existan los otros, la realidad ni lo que “debe ser”, momentos en que el niño pueda crear su propia realidad; promesa de afecto, de un momento de intimidad con alguien significativo que le permita compartir, quizá esa misma noche, una nueva experiencia, un leer juntos; un acto de fe respecto de la capacidad del niño de ver más allá de las páginas, de imaginar, y a partir de ahí, crear, inventar, soñar.

Los invito a creer en ese momento de crecimiento del que somos testigos, cuando a hurtadillas y silenciosamente miramos a un niño leyendo… imágenes y textos, cuando lo percibimos más que aprendiendo, imaginando, fantaseando, proyectando….

Un niño que sabe- y yo agregaría… “que quiere”….- leer, siempre querrá ir más lejos, más adentro por el pensamiento y las geografías. Tengo la certeza de que la historia, el progreso, la esperanza, le deben casi todo a los sueños”. (Juan Farías, Hablemos de leer) y cuantos sueños se nutren de la literatura, de la historia humana recogida a lo largo de los siglos, desde las tradiciones orales hasta las obras de nuestros días.

Les propongo atrevernos a entregar a nuestros niños un camino, una puerta para que la ilusión de movimiento, luces y sonidos y grandes “cosas” que a veces son ofrecidas por los medios tecnológicos actuales, sean alcanzadas a través de un libro, de obras e imágenes que los lleven a descubrir que todo eso está allí, dentro de sí mismos.
Les propongo atrevernos a ser sus compañeros en esta travesía entre letras y colores, hacia el interior, hacia el pasado, hacia su presente y futuro, hacia EL MUNDO.

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