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Un patria de esperanza

Participé en cerca de 50 encuentros durante el mes de agosto y en ellos tuve el regalo de encontrarme con empleados, trabajadores, empresarios, organizaciones de la sociedad civil, pobladores, funcionarios del Estado, estudiantes primarios, secundarios y universitarios, miembros de comunidades eclesiales y de organizaciones culturales y deportivas, y concurrir a varios medios de comunicación locales y nacionales.

Por Benito Baranda

Me ha tocado durante el pasado mes de agosto recorrer Chile dando charlas, participando en conversaciones, acompañando acciones e inspirando reflexiones acerca del compromiso social, el voluntariado, de la búsqueda de una mayor felicidad, confianza y justicia. Es ese el mes de la solidaridad, en el que hemos recordado el legado, el pensamiento y las realizaciones de una persona excepcional: el Padre Alberto Hurtado, un hombre crítico y comprometido, reflexivo y activo, cuestionador y coherente, provocador y alegre, hambriento de amor y de justicia…un hombre de fe, esperanza y paz!

Participé en cerca de 50 encuentros durante el mes de agosto y en ellos tuve el regalo de encontrarme con empleados, trabajadores, empresarios, organizaciones de la sociedad civil, pobladores, funcionarios del Estado, estudiantes primarios, secundarios y universitarios, miembros de comunidades eclesiales y de organizaciones culturales y deportivas, y concurrir a varios medios de comunicación locales y nacionales. Gracias a la riqueza de los diálogos, las preguntas y los aportes de muchos y muchas palpe el interés creciente de la ciudadanía acerca de lo que ocurre en su localidad, en el país y en el mundo, me di cuenta de cómo logramos conversar cada día más y mejor, también percibí que las personas no solo se indignan frente a la realidad sino que crecientemente quieren ser parte de la solución (y esperan que los consideren).

Este ha sido sin lugar a dudas uno de los meses de la solidaridad donde más me ha tocado trabajar, viajar, contemplar, rezar, acompañar, escuchar, conocer y conmoverme. Cientos de miles de personas abrigan esperanzas de trasformación y se están movilizando para ello, fue maravilloso conversar con apoderados de escuelas, liceos y colegios, y en conjunto revisar nuestro ser padres en el Chile de hoy, de las riquezas y vacíos que tenemos, de aquello que podemos potenciar y cambiar para lograr que nuestros hijos e hijas sean mejores que nosotros, más serviciales y justos, que pongan un mayor ‘peso de amor’ en las acciones que realizan y coherencia en sus vidas. En general las mamás y los papás eran bien auto-críticos y realizaron aportes profundos llenos de aspiraciones buenas y justas.

En las empresas que visité y con los empresarios que me junté, y así también con ejecutivos y trabajadores, se respiraba un aire de ‘inquietud esperanzada’, se sentía un deseo de establecer nuevas relaciones y mejores prácticas, para eso me invitaron y acerca de ello conversamos con franqueza y altura de miras. Daba gusto observar con que respeto se planteaban las opiniones, la generosidad en el escucharse y el esfuerzo colectivo –de todos los estamentos- para hallar el camino de los acuerdos.

Tuve la más fuerte emoción del mes en dos encuentros con pobladoras y pobladores, la mayoría de ellas y ellos dirigentes de sus comunidades, personas que voluntaria y gratuitamente donan a diario –y en un anonimato impactante- su vida por otros, envejecen y se desgastan donándose, pero crecen interiormente y se hacen mejores personas gracias también a ello. Lo mismo me ocurrió en más de una decena de charlas con estudiantes secundarios que realizaban acciones sociales, verlos y escucharlos me llenaba de esperanza hacia el futuro: una mirada digna y un trato igualitario!

Chile celebra su mes de la patria con estas riquezas que no están vinculadas al tener sino más bien surgen del ser, el hacer y el estar. Observemos ese tesoro en las personas que nos rodean, de esos compatriotas que en medio de la adversidad, empatizando con los demás, son capaces de descubrir un sentido de vida y su felicidad, de ese patriotismo necesitamos urgentemente hoy, lleno de esperanza. Como nos decía el Padre Hurtado “una nación, más que la tierra, es una misión que cumplir” y nos debería dar un gran gusto llevar adelante esta hermosa misión. Ese espíritu nacional auténtico es el que alguna vez nos permitirá reescribir el lema nacional que sonaría mucho mejor si digiera “por la razón y el amor”, allí creo que está nuestra rica identidad que nos moviliza y nos hace ser dignos hijos-constructores de esta maravillosa tierra.

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