Una nueva épica, la del empresario social

Lo que hoy estamos viendo es el proceso de una nueva épica; la de la empresa social donde personas con buenas alternativas para el uso distinto de su tiempo y sus capacidades, deciden cuestionar el modelo empresarial que se enfoca prioritariamente en la maximización de las utilidades económicas, hacia otro donde los resultados sociales y ambientales son tan relevantes como los financieros.

Por Gonzalo Muñoz, Co fundador TriCiclos Empresas B

 

Gonzalo Muñoz

Gonzalo Muñoz, Presidente del directorio Corporación Aconcagua Summit, Presidente del directorio Sistema B, Presidente del directorio Asociación Gremial de Empresas Sociales, Co fundador TriCiclos Empresas B y Ashoka fellow

Las personas somos los autores de los relatos de nuestras vidas, y como sociedad escribimos la historia de la humanidad al poner énfasis en aquellas singularidades que, a juicio de quien escribe, hablan de la epopeya de los tiempos. La poesía épica ha trascendido el ámbito literario, y actualmente en el lenguaje cotidiano se conoce como épico a aquello que resulta de complicada resolución. Es así como la épica de antaño tuvo personajes míticos que, de una u otra forma, representan los grandes desafíos que la humanidad estaba enfrentando en ese momento.

La épica de cada tiempo se relaciona con un logro excepcional implicando un sacrificio personal, y que trasciende en el tiempo. La épica está íntimamente ligada a la búsqueda de hacer historia, ofrecer un nuevo camino a la humanidad y trascender abriendo un espacio innovador con valentía y arrojo. En su momento fueron las cruzadas, las grandes batallas, los valientes exploradores y conquistadores de lugares remotos, los religiosos y peregrinos, los colonizadores y los libertadores; luego aparecieron los industriales, los inventores, los astronautas, los grandes estadistas y políticos, los artífices de la paz, los emblemas de algunas grandes causas que cambiaron la forma de entender el mundo y la relación entre las personas. Hoy en día vemos con claridad el efecto que han logrado los emprendedores tecnológicos, e incluso nos maravillamos con las gestas deportivas, particularmente cuando nos parece que el sacrificio personal fue sobrehumano.

A lo largo de la historia, todos ellos pusieron el máximo de sus capacidades y competencias en el objetivo de conquistar un nuevo lugar, alcanzar un récord, conquistar un ideal, generar un cambio cultural y de esa forma romper un paradigma abriendo nuevos horizontes. La épica pareciera exigir innovación; descubrir una nueva forma de hacer las cosas, explorar un espacio desconocido y por defecto habitualmente rechazado o negado por la mayoría. Ese proceso suele conllevar algún sacrificio, y que el resultado sea beneficioso para un colectivo, desde la perspectiva de quien lleva a cabo la aventura épica.

Lo que hoy estamos viendo es el proceso de una nueva épica; la de la empresa social donde personas con muy buenas alternativas para el uso distinto de su tiempo y sus capacidades, deciden cuestionar el modelo empresarial que se enfoca prioritariamente en la maximización de las utilidades económicas, hacia otro donde los resultados sociales y ambientales son tan relevantes como los financieros. Donde no existe forma alguna de ser rentable en el mediano y largo plazo si no se contempla también reducir al máximo las externalidades negativas, así como trabajar para solucionar problemas sociales y ambientales. El empresario social entiende que la sociedad se desarrolla en un sistema cerrado con límites bien definidos y por lo tanto es evidente que el futuro obligará a que todas las empresas operen bajo los paradigmas del extremo cuidado de la sociedad y el medio ambiente. Si bien no cuestiona el valor que tiene la rentabilidad económica, se hace preguntas respecto de si antes de generar utilidades no podrían mejorarse las prácticas o hacer las cosas de forma radicalmente diferentes. El empresario social trabaja en tribu y de forma colaborativa en vez de individualista, le importa conectarse con las personas, se hace preguntas difíciles y se incomoda cuando las ganancias personales conllevan la pérdida de otros. La épica del empresario social es una épica del sentido; es una épica masiva, menos centrada en una o pocas personas, y más bien en la capacidad distributiva de las redes sociales y de la creciente transparencia de los tiempos modernos. En cuanto a los ámbitos de acción, no se trata de emular la misión de la Cruz Roja; los empresarios sociales ven oportunidades para mejorar el desempeño de casi cualquier industria con el objetivo de hacerla realmente sostenible en el tiempo. Simplemente les parece que el bienestar personal debe necesariamente estar relacionado con el bienestar de muchos, y es de esa forma como se lograrán obtener las mayores rentabilidades financieras.

En este contexto estamos presenciando la natural tensión entre quienes por un lado consideran que el rol social de la empresa se traduce exclusivamente en cumplir la ley, generar crecimiento, empleo y pagar impuestos; quienes también creen que la labor de resolver problemas sociales y ambientales es privativo del Estado y de las fundaciones; o quienes creen que la tecnología solucionará cualquier problema que ponga en riesgo a la humanidad. Y por otra parte quienes creen que cada día es más inviable sostener un equipo humano si no es a través de permitirles encontrar sentido en lo que hacen y en el cómo hacen lo que hacen; hasta quienes empiezan a visualizar que el empresario tradicional que hoy conocemos, en el futuro más bien se recordará como un “empresaurio” ligado a prácticas razonablemente extintas.

Estamos presenciando una nueva épica, que se gesta en las universidades de todo el mundo al mismo tiempo que en los cubículos de las grandes corporaciones y en las calles con los movimientos de base. En todos esos lugares, hay jóvenes preguntándose si no sería factible ganar mucha plata después de haber resuelto un problema social o medioambiental y haberlo realizado aplicando las mejores prácticas posibles. Al mismo tiempo que en el mundo estamos viviendo el momento en que esta épica comienza a contagiar Wall Street, dando luces de que esta nueva forma de entender el rol del empresario se está instalando como parte del relato de nuestros tiempos.

 

 

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