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¿Y mi bono?

La informalidad y otros factores alteran los ingresos y las declaraciones de muchas personas por lo que podemos estar entregando recursos públicos a personas que efectivamente no los necesitan (se acuerda del caso de la alcaldesa y la vivienda social?). Aquí tenemos un desafío mayor que tiene que ver con la forma en la cual medimos la pobreza, claramente debemos ser más audaces.

Por Fernando Larraín

La discusión sobre el salario mínimo puede ser mirada desde muchas aristas. La política: en la cual aparecen los que culpan a la Concertación de cambiar el discurso ahora que son oposición, o aquellos que intentan explicar lo inexplicable en un gobierno que no es capaz de articular a su propio partido. La social: en donde la discusión está en si es o no digno un sueldo de $193.000 o de $200.000 o si la cifra debiera ser $250.000. También está la económica: Eduardo Engel en su columna del fin de semana en la tercera explica claramente este punto.

Por otra parte, la propuesta de poner un salario en cierta cifra más un bono que se les entregará a las mujeres que cumplan con ciertos criterios abre otra discusión y que tiene que ver con los bonos.

Los bonos han sido, y probablemente serán, una herramienta de política pública muy utilizada por los gobiernos. Lo anterior por la simpleza e impacto que tienen en las personas que los reciben. Sin embargo hay al menos tres buenas razones para no abusar de ellos.

Primero, en tiempos electorales y con gobiernos con bajas tasas de aprobación aparece tentador gastar recursos de esa manera. Preocupa el timing con que se dan los bonos porque es importante ser transparente de a quién se le entregan dichos recursos y que no vayan a financiar a potenciales votantes o bien estar sesgados en aquellas comunas en donde los alcaldes son de coalición. La ciudadanía y los parlamentarios tiene un rol importante que cumplir en esto. Tarea para todos.

 

Segundo, debemos seguir avanzando como país en mejorar nuestras formas de medir pobreza y condiciones de vulnerabilidad. La informalidad y otros factores alteran los ingresos y las declaraciones de muchas personas por lo que podemos estar entregando recursos públicos a personas que efectivamente no los necesitan (se acuerda del caso de la alcaldesa y la vivienda social?). Aquí tenemos un desafío mayor que tiene que ver con la forma en la cual medimos la pobreza, claramente debemos ser más audaces. Tarea para los futuros candidatos presidenciales.

 

Tercero, los bonos pocas veces se extinguen por completo y pasan a ser derechos adquiridos. Lo más difícil de las políticas asistencialistas es cortarlas y no producir el efecto indeseado de que una vez se quite el bono la persona vuelve a caer en condiciones de vulnerabilidad. En este sentido debemos desafiar más nuestra políticas públicas y avanzar cada vez más a políticas que promuevan la igualdad de oportunidades así como a políticas que tengan cláusulas de salida claras para evitar perpetuar el asistencialismo. Mayor claridad de la política social. Tarea para la Dirección de Presupuestos  y para el Ministerio de Desarrollo Social. 

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