Agrupación de sicólogos y doctores hace llamado en este día para “tender manos y salvar vidas”

En el mundo, cada 40 segundos una persona se suicida (IASP, 2015), llegando a 1 millón de personas que mueren por esta causa (AAS, 2015). Por esto, en el día mundial de la Prevención del Suicidio, una agrupación de psicólogos y doctores que conformaron un grupo de estudio e investigación de Riesgo Suicida patrocinado por la Escuela de Medicina y el Departamento de Psiquiatría PUC, hace un llamado para que nadie quede indiferente a esta realidad que se presenta en todas las edades.

“Existen múltiples factores que influyen, entre ellos están los sociales, psicológicos, culturales, ambientales, biológicos, que podrían interactuar para conducir a una persona al comportamiento suicida”, explicó Ps. Ronit Fischman, parte del grupo de investigación de Riesgo Suicida.

Los doctores y psicólogos llaman a estar alerta ante las señales que podrían inducir a esta conducta: “Encontramos aislamiento físico y emocional hacia la familia y amigos, alguna situación estresante en el último tiempo, de mayor manera quiebres amorosos y/o familiares, conflictos con amistades, desear o hablar de morir. Todo esto genera sensación de falta de pertenencia a grupos y de no ser querido, desesperanza en la solución de los problemas y dolor emocional entre otras”, señaló Fischman. Agregó que “si a todo esto, se le suma tener antecedentes de intentos suicidas previos, experiencias difíciles durante la crianza, alguna enfermedad psiquiátrica y/o crónica y relaciones familiares conflictivas, debemos pedir ayuda ahora”.

¿Cómo aportar a la prevención del Suicidio?

Según explican desde la agrupación, aquí los factores protectores juegan un rol fundamental. “En este ámbito todos podemos ayudar, reconociendo algunas características que debemos potenciar en todas las edades, para disminuir el riesgo, tales como: estimular pequeños logros, así reforzará la autoestima, promover relaciones sociales saludables, generar redes de apoyo estables que auxilien en momentos críticos, sostener un estilo de vida saludable física y mentalmente, expresar emociones tanto positivas como negativas”, señaló Ps. Claudia Moya, integrante de la agrupación.

Agregó que “frente a la pregunta ‘¿Qué hacer?’ cada uno de nosotros puede actuar cuando sospecha que alguien tiene riesgo suicida: Escuchar abiertamente, validar lo que el otro experimenta, preguntar directamente si ha pensado en morir y si lo ha intentado previamente, acompañar y buscar ayuda en centros de salud de su comuna”.
Actualmente, los profesionales de la salud se encuentran sensibilizados ante el aumento de personas que están sufriendo esta problemática, ya que se estima que al día mueren 3000 personas por esta causa a nivel mundial y de ellos la gran mayoría había solicitado ayuda, además de tener antecedentes de intentos de suicidio previo. “Eso nos demuestra que ellos sí nos dan señales, somos nosotros los que debemos aprender a validarlas, escucharlas e intervenir”, señaló Fischman.

Para la agrupación, es fundamental que con los vecinos y organizaciones comunales, puedan cambiar las creencias y estigmas ante el riesgo suicida y los problemas de salud mental, dado que el 90 % de las personas con riesgo suicida presentan otros problemas emocionales. De esta manera, acogiendo positivamente, las personas podrán tener menos vergüenza y temor de pedir ayuda.

¿Qué responsabilidad tenemos como sociedad?

Ante esta pregunta, la Ps. Claudia Moya, señala que “la evidencia científica avala que el soporte social y la conexión con otras personas, reduce la conducta suicida, permitiendo la integración social tanto a su familia, a su comunidad y con instituciones sociales. Así con nuestra presencia podemos conectarlos a la vida.”
¿Qué mitos existen entorno al comportamiento suicidio?

La agrupación realizó este cuadro comparativo para evidenciar las verdades científicas y los mitos en torno a este tema:

 

Mitos y Prejuicio Verdades Científicas
El que quiere matarse no lo dice. De cada 10 personas que se suicidan 9 de ellas manifestaron claramente sus propósitos.

 

El sujeto que se repone de una crisis suicida no corre peligro. Casi la mitad de los que tuvieron una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo dentro de los tres primeros meses luego de la crisis emocional, cuando todos creían que el peligro ya había pasado.

 

Al hablar sobre suicidio con una persona se puede incitar a que lo realice. Está demostrado que hablar sobre suicidio reduce el peligro de cometerlo.

 

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