La «pega pendiente» de las universidades

Sebastián Errázuriz es abogado, con estudios en emprendimiento en Babson College. Es fundador y CEO de Actitud Lab, consultor de empresas en liderazgo, estrategia y sustentabilidad. Además, es profesor de RSE de la U. Adolfo Ibáñez y la U. Francisco Javier de Quito, Ecuador. Antes desempeñó como Gerente General de Transparencia Internacional Chile.

Según el informe McKinsey, que cité en mi columna anterior, la experiencia internacional en países cuya educación es deficiente demuestra que el 50% de los egresados de educación superior dice que lo aprendido en sus años de carrera no lo aplican en el mundo laboral.

Esta situación crítica tiene sus símiles en Chile. En el debate sobre acortar las carreras universitarias, se oye con fuerza el argumento de que hoy existen mallas curriculares, cuyos ramos no tienen ninguna relevancia práctica. En Chile, la duración promedio de las carreras universitarias es de 6,32 años, mientras que en países desarrollados no superan los 4,32 años. Dudo que el tiempo de más aporte contenido relevante.

Los alumnos se dan cuenta de esta situación: muchos de ellos sufren de esa carga académica burocrática y ven que algo no cuaja en el modelo universitario, pues tienen que memorizar largos textos, que no sólo olvidarán cuando termine el semestre, sino que no los pondrán en práctica en su trabajos.

En nuestro país hay una desconexión entre lo que sucede en las salas de clases de las universidades y los requerimientos actuales del mundo laboral. ¿Cuánto esfuerzo están colocando las casas de estudios en trabajar en el desarrollo de competencias y habilidades?

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